Discurso Fernando Rivas, director, a los titulados 2014

Sr. Vicerrector Académico, Nelson Vásquez Lara

Sra. Decana, Yolanda Reyes Fernández

Sra. Secretaria Académica de Facultad, María Soledad Quintana Villar

Colegas Directores de Escuelas de la Facultad; Renzo Devoto, de Ingeniería Comercial; Jonathan Hermosilla, de Comercio; y Dagoberto Salinas, de Trabajo Social.

Estimados profesores

Estimados titulados

Estimados estudiantes

Estimados familiares y amistades de los titulados

Estimados funcionarios

Y Estimada comunidad de la Escuela de Periodismo, que nos sigue en estos importantes momentos vía streaming, mediante la red de la Universidad.
Agradezco y saludo a todos ustedes, porque nos encontramos en un momento significativo, quizás el más importante al final de año, pues nuestros estudiantes, éstos que se han formado al alero nuestro y que han compartido 5 y más años con nosotros, dejan su alma mater e inician nuevos rumbos. Se titulan, adquieren el título que los acredita como periodistas y que los instala en la sociedad como profesionales habilitados y capacitados para comunicar y para comunicar de la mejor manera, cual es el sello de esta Universidad.

El rumbo de sus pasos muchas veces no lo sabemos, pero estamos ciertos de que lo harán con aplomo y con la suficiencia propia de sus virtudes y de la formación aquí recibida. Lejos de dejar la casa materna, se incorporarán como siempre a la pléyade de ejecutantes de este oficio, que García Márquez, en una frase ya, ciertamente manida, ha calificado como el mejor  oficio del mundo. Pero, que, sin embargo, no por eso, deja de ser un acierto y una verdad irrebatible, sobre todo para quienes llevamos y hemos ejercido el oficio de la prensa, del periodismo, de los medios y de las comunicaciones en todo orden, desde lo masivo a lo íntimo, desde lo personal hasta lo impersonal y obviamente en lo interpersonal.

En estos días y como suele ocurrir en diciembre,  pasamos revista a algunos sucesos de 2014. Sin duda, éste fue el año del Mundial; el año temible del grupo de la muerte, el año del partido terrible contra Brasil, del palo de Pinilla, sin igual; de Medel llorando desgarrado, del himno nacional coreado enfervorizadamente en los estadios y a través de las radios y de la televisión por una  nueva camada de trovadores y de tenores. Sin duda, el Mundial fue esperado, pasó, nos ilusionó, nos robó el alma, y se fue, se fue como una pompa de jabón. Se nos vino entonces encima el segundo semestre, las Fiestas Patrias y ya estamos en Navidad.

Todo se pasó muy rápido. La velocidad, la velocidad de la vida, una velocidad sin igual, nos hace vivir acelerados con la intensidad del vértigo y la potencia desestabilizadora de su adrenalina. Si parece ayer nada más en que estábamos despidiendo a Sergio Livingstone y a Raquel  Correa.  Pero fue, exactamente, hace un año.  ¿Qué hacía Bonini en el Mundial?.  ¿Cuándo nos cambiaron a los protagonistas?. ¿En qué momento se fueron?, ¿Cuándo dejaron de ser estrellas?. ¿Por qué se repliega Pedro Carcuro?.  ¿Por qué Don Francisco parece estar llegando al final?.

Son preguntas acuciantes; que estamos viviendo hoy, que están pasando, y que nos están marcando. Si hasta el Chavo del Ocho se ha ido…!  A los 44 años… Muy rápido, muy rápido. La vida se está pasando muy rápido y no la estamos aprovechando…Se nos van las puestas de sol, se nos van los estudiantes que estamos formando, y se nos van nuevamente otros estudiantes  que hemos rescatado, reformado y que se nos escapan como petardos.

La vida se ha vuelto vertiginosa, desquiciante, desequilibrada. Necesitamos parar un rato. Pisar la pelota y mirar el juego que estamos armando. Quizás en este Siglo XXI, a diferencia del anterior, sea el momento de poner el freno, de cuidar lo que estamos haciendo, de reflexionar y de meditar. De poner paños fríos a las acciones y de fijarnos más en el paso del presente y de los días, para que no transcurran vacíos y sin pensar.  Por el contrario, debemos cargarlos de sentido, guardarlos y hacerlos perdurar como un tesoro, que ciertamente se puede acabar.

Y digo esto  cuando las noticias nos traen las dramáticas peticiones de la vigésima  Conferencia Internacional sobre Cambio Climático de la ONU que se está desarrollando esta semana y hasta el viernes en Perú, con masiva asistencia de delegados de más de cien países y una prensa abundante. A China se le pide parar intensivamente sus termoeléctricas; a los demás y principalmente a Estados Unidos, que reduzcamos también nuestras emisiones de CO2 y que cada uno de nosotros se fije en su huella de carbono.

Lo digo también en el contexto de un workshop sobre energía organizado por esta universidad la semana pasada en Santiago, donde se valoró la eficiencia energética que cada cual puede lograr en su hogar, apagando las luces innecesarias o empleando termos para no tener que volver y volver a calentar. Lo digo también en el contexto de un agua que se puede acabar, así como también respecto del predominio de un espíritu consumista, centrado en los objetos  y en un desatado egoísmo, de suma cero, que se juega en el toma y daca de una competencia incesante y cotidiana.

Son situaciones complejas. Algunas ambiguas y otras apocalípticas. Pero, a la vez, son  nuevas oportunidades para la inteligencia, tanto la racional como la emocional. Son nuevos espacios para el ingenio y la bondad, para lo mejor de nosotros mismos en función de la comunidad.

La televisión, se ha dicho,  no es buena ni mala, depende de quien la use; de sus intenciones, de sus habilidades y de sus emisiones.  Tenemos la obligación de pensar en contenidos pertinentes y zafarnos de criterios obsoletos como pueden ser ya los del people meter o simplemente los de un rating matemático e inhumano, que impone a todo Chile los criterios reducidos de unos cuantos hogares de Santiago.  Y esto lo podemos extrapolar  a la tecnología,  signo de estos tiempos. Ella, bien usada, nos puede salvar; abusada o con ignorancia, nos puede perjudicar.

Y ustedes estimados titulados han sido formados para dar cuenta de estas respuestas, dialogando permanentemente con la matrix en una relación que ya no es umbilical, sino que individual, con tiempo, con calma, sin premura y haciéndose eco de vuestra interioridad. Vayan paso a paso, quemen etapas y no se apuren, no pierdan el paso. La Universidad siempre les podrá apoyar.

Acudan a su espiritualidad,  busquen siempre  lo externo en lo interno y las respuestas van a encontrar.  Por de pronto, tengan la certeza de que han sido formados en una de las mejores casas del país. Asi  lo podemos exhibir con una acreditación máxima de 7 años.

Miramos con tranquilidad el horizonte. Este siglo parece que no será más complicado ni marrullero que el pasado.  Sin embargo, como nunca, apela a las comunicaciones, que en su sentido verdadero no son  otra cosa que la puesta en común de los corazones. Y en esto  cada día somos interpelados más por la  confianza y la solidaridad; por el  sentido del encuentro, del diálogo y de la coherencia; por el  sentido de  la transparencia y de la lealtad. Son, en esto, tiempos difíciles, en donde sólo la  fraternidad, ese olvidado tercer componente de la Revolución Francesa, nos hará libres y nos permitirá enmendar, ya que en sí mismo contiene tanto a la libertad como a la igualdad.

Estimados titulados, estimada comunidad de la Escuela de Periodismo, no nos dejemos deslumbrar simplemente por la electricidad inalámbrica, por la simultaneidad de la globalización,  las pantallas en 3D o los mundos virtuales, sin antes meditar y sin antes reflexionar sobre el tiempo que pasa y sobre todo en su relatividad.

Muchas Gracias

FERNANDO RIVAS INOSTROZA

DIRECTOR

ESCUELA DE PERIODISMO PUCV

 

 

9 diciembre, 2014

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