Valeria Castillo, exalumna: “nuestro rol como comunicadores es mostrar al mundo que hay varias realidades”

Irse a vivir a Haití como voluntaria de América Solidaria significó un hito importantísimo en su vida, tanto así que una vez de vuelta en Chile, Puerto Príncipe la llamaría de vuelta, ahora como profesional.

La periodista y exalumna PUCV, Valeria Castillo salió hace 5 años de nuestra Escuela. Hoy se desempeña como Coordinadora de Comunicaciones de América Solidaria Haití, institución que busca generar redes de cooperación entre los países del continente para fortalecer proyectos locales con profesionales voluntarios, que mejoren la calidad de vida de las personas más pobres y excluidas de la región.

Esta experiencia, según nos cuenta, ha significado un desafío constante, desde el aprender a comunicarse en otros idiomas hasta los retos permanentes de trabajar en una ONG en uno de los países más desconocidos por los chilenos.

¿Cómo llegaste a América Solidaria?

Es chistoso igual, porque yo estaba trabajando en UCV-TV. Estaba en el turno de la mañana y como teníamos que ir monitoreando todos los canales había un sector en la sala de prensa donde estaban varias pantallas prendidas. En una aparece Benito Baranda en “Bienvenidos”. Lo primero que pensé fue ¿Benito Baranda no trabaja en el Hogar de Cristo? Y vi que en el GC salía América Solidaria ¿Qué es América Solidaria? Pensé. Lo que hice fue anotar el nombre de la fundación y la página. Ese mismo día, al terminar mi turno, me metí a la página y leí todo, me demoré nada. Vi que tenían voluntariado y escribí haciendo preguntas.

Al otro día, me había contestado, me dijeron que podría postular, que las carreras que necesitaban dependían de los proyectos y de los países. Tú podías no quedar porque quizás no necesitaban profesionales de tu área justo en ese momento. Decidí postular, porque siempre me llamaba la atención el área social, pero siempre estaba metida en otras cosas. Nunca tenía tiempo porque o estaba en el centro de alumnos o estaba jugando tenis, no me daba el “cuero”.

Justo ese año había un proyecto donde necesitaban periodistas en Haití. Uno postula sin saber a qué país puede ir. Para pasar el primer filtro había que responder un formulario donde te preguntan varias cosas, como qué entiendes por pobreza, por desarrollo y si tenías experiencia en voluntariado. Para mí era un punto en contra porque nunca había hecho un voluntariado en la vida. Ahí comienza la historia. Tuve un proceso de entrevistas que duró 4 meses. En enero del 2013 me dicen que quedé y ahí empieza el voluntariado, que fue lo primero que me ligó a la institución.

¿Cuánto tiempo estuviste de voluntaria?

Usualmente los proyectos duran un año. El sistema de trabajo que tiene América Solidaria, para que se entienda el “mono”, es poner un voluntario en una organización local para que trabajes con ellos. En mí caso, trabajé para Fe y Alegría (Foi et Joie en Haití), organización jesuita que vela por la educación popular. Justo cuando se cumple el tiempo de término del periodo de voluntariado, había dos actividades grandes, entre ellas un encuentro de todos los directores a nivel mundial de Fe y Alegría. Como era la única en Comunicaciones, me preguntan unos meses antes si podía alargar mi estadía, yo dije que sí. Estuve hasta mayo de 2014 y tenía que haberme devuelto en febrero de ese año.

Luego de esa experiencia entraste a trabajar como profesional ¿cómo fue ese proceso?

Antes de irme de Haití, trabajé un mes independiente en Futbol Más Haití. Llegué a Chile y seguí trabajando vinculada a Fútbol Más y a Casa de La Paz, otra ONG. Estaba tratando de ajustarme a Santiago, porque nunca había vivido en Santiago, adaptándome a Chile y al ritmo de trabajo, cuando aparece esta oferta y ahí la “guata” me dijo postula. Entrar era lo que más quería, me fui de Haití con la idea de que podía ser más tiempo el que estuviera acá. Sobre todo en el momento en que ya había aprendido un creole suficiente para entender casi por completo a la gente, con redes, conociendo cosas tan simples como ir a imprimir, porque acá esas cosas cuestan cuatro veces más que en Chile. Llegar de vuelta fue como que este era mi lugar en realidad, y eso lo tenía perdido en Chile.

Ha sido mucho más trabajo que cuando era voluntaria, porque Fe y Alegría era una institución más pequeña, en cambio acá es una fundación más armada, hay que ordenar y estructurar todo. También muchas más responsabilidades y más proyectos. En términos de pega es harto, pero estoy feliz porque aprendo harto y esto es lo que me gusta.

¿Cómo crees que la formación en comunicación te ayudó a trabajar en contextos de vulnerabilidad y en un trabajo donde son muy importantes las habilidades “blandas”?

Yo me acuerdo que la formación que nosotros tuvimos en la parte de comunicación siempre nos hablaban de integración, de diversidad, de multiculturalidad, ahí recuerdo nombres de profesores como Araya, incluso hasta de autores me acuerdo, hay definiciones de cultura que nunca se me han olvidado. Yo creo que la formación nos permite comprender que vivimos en un mundo con distintas realidades y culturas, distintas formas de ver la vida. Esa parte de la formación, que tuvimos de una forma muy teórica, creo que me ha ayudado harto a entender y desenvolverme acá. Encontrarse realmente con otro es algo muy enriquecedor, uno tiene que aprender a convivir con eso y aprender de esto también. Hay que aprender a integrar y a respetar la diversidad. Siempre me acuerdo de eso cuando me topo con situaciones en que digo “esto es muy raro para mí, pero para los otros es muy normal”, ahí recuerdo que hay otro, que es otra cultura y me río y aprendo y comienzo a entender muchas cosas.

Valeria Castillo, ex alumna, en escuela en Haití

“La imagen que se ha creado internacionalmente de Haití, es generada por gente que normalmente viene una semana o menos, ve un par de calles y se va. No es la visión de la gente que viva acá o que trabaja acá, con las comunidades, en las escuelas, con gente local”, dice Valeria Castillo


¿Cómo ha sido este encuentro cultural?

En mi diario vivir y en mi trabajo conviven cuatro idiomas. El español, el creole que es el que habla todo haitiano, también está el francés, pero que no todo el mundo habla (los haitianos que hablan francés son los que han podido acceder a la educación formal). Nosotros, por los proyectos que realizamos, estamos en zonas donde mucha gente no sabe ni leer ni escribir y sólo hablan creole. Todo documento oficial y la televisión es en francés y hay organizaciones que todo lo hacen en inglés, y también algunas reuniones estratégicas son en inglés.

Al principio, no te voy a mentir ¡Me quería matar! Llego a mi oficina, el computador está en inglés, de mis compañeros ninguno hablaba ni español ni inglés, que eran los idiomas que yo manejaba. Acá uno aprende, se tiene que lanzar a la vida no más y con la disposición a aprender. Me acuerdo que tenía que manejar el sitio web de la organización, que estaba en francés y hablar con mis compañeros de trabajo en creole. De verdad, que me quería matar.

Fe y Alegría tenía una política que a los voluntarios nuevos los mandaba un mes a un pueblo perdido en las montañas del norte de Haití, donde no tienes nada y donde eres el único extranjero. Estuve un mes con clases de lunes a sábado y, al principio, pensé que no lo iba a lograr nunca y que iba a colapsar. Después de estar 2 semanas en ese pueblo, comencé a entender algo, fue “bacán”, entender de dónde venía cada palabra, aprender a escuchar y a escribir creole. Todo ese proceso de aprender, fue la “raja”. Además aprendí miles de otras cosas, cosas de la cultura. Al principio, uno enjuicia mucho, habían cosas que me enojaban (por ejemplo, que le pegaran a los perros), después comencé a entender cosas más profundas y a que tenía que quitarme los prejuicios, partir de cero y con la mejor disposición.

El pueblo haitiano es amable y siempre buscan ayudarte. Fue chistoso y frustrante al principio, hasta el día de hoy sigo jugando a las mímicas a veces, pero después fue como que se me abrió otro mundo. A mis ojos, Haití es a ratos un país racista y clasista, pero cuando ven a un blanco (extranjero) que aprendió su lengua materna, el creole, la disposición es otra. A ratos fue frustrante, pero de todas maneras, fue muy rico, yo sigo aprendiendo.


¿Cuál es tu diagnóstico de la situación país de Haití en la actualidad?

Creo que Haití está entrando en un proceso que se puede complejizar, si no logra tomar por las riendas los problemas. Deberían venir dos elecciones, del parlamento en agosto (actualmente no hay parlamento) y las presidenciales en octubre. Y en paralelo, estamos en medio de un proceso complejo, República Dominicana ha amenazado con deportar a más de 200 mil haitianos nacidos en Dominicana, que dicen que están en una situación irregular.

Dentro de todo, estamos pasando por un periodo relativamente tranquilo. Martelly posiblemente podrá terminar su gobierno sin golpes de estado, no ha habido mayores revueltas en las calles. Los medios de comunicación tergiversan mucho lo que pasa, dan la idea de que uno no puede caminar tranquilo por la calle sin que tengas un soldado casco azul al lado tuyo, y eso es mentira, yo camino en la calle sola sin problemas.

En las elecciones, cuando no se cumplen plazos, cuando hay casos de corrupción, siempre hay agitación. Estamos tranquilos, pese a todos los problemas, pero la estabilidad se puede romper si no se toman bien estos dos temas.

¿Cómo crees que la labor del comunicador puede, no por sí sola, aportar a que estas problemáticas cambien?

Nosotros tenemos las herramientas para poder contar las historias. A veces algo que uno escribe, que quizás para uno no tiene gran relevancia, se puede transformar en algo grande, especialmente en países como Haití, que la gente desconoce. Lo poco que se conoce de Haití es a través de los medios de comunicación, que sólo muestran noticias negativas. Creo que el comunicador tiene las herramientas para contar las historias que hay detrás y que, de cierta forma, se contraponen a lo que se dice normalmente. La imagen que se ha creado internacionalmente de Haití es generada por gente que normalmente viene una semana o menos, ve un par de calles y se va. No es la visión de la gente que viva acá o que trabaja acá, con las comunidades, en las escuelas, con gente local.

Creo que es importante que el comunicador sepa comunicar esto, dar a conocer ese lado positivo que tanto se esconde. Uno puede aportar contando ese lado. Ahí uno se da cuenta del impacto que puede tener. Hay cosas que la gente no sabe, más la gente que vive en países como Chile. Creo que nuestro rol como comunicadores es mostrar al mundo que hay varias realidades, es una buena forma de remover la conciencia y si eso además hace que ese cambio genere una acción, mucho mejor, pero lo primero es visibilizarlo.

 

Vinculación con el Medio, Escuela de Periodismo PUCV

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