Vanessa Vargas

Vanessa Vargas: “La experiencia en los medios alternativos e independientes ayuda a crecer como periodista”

Vanessa Vargas salió de las aulas de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso con un horizonte bastante claro. Su visión en cuanto a la profesión deja manifiesto el compromiso y la disciplina con la cual ha decidido realizar su trabajo con un profundo sentido ético del Periodismo.

Periodista de trinchera

“Desde que salí de la universidad me propuse ejercer mi oficio tal como lo concibo: al servicio de las mayorías y en sintonía con las inquietudes y demandas de los movimientos sociales, que tienen mucha relación con mi generación. En Chile, eso no se puede hacer en la mayoría de los medios tradicionales de prensa, radio y televisión, por lo que mi ejercicio como periodista ha tenido muchos obstáculos.

Sentí que, dado el escenario de la propiedad mediática en nuestro país, tenía las puertas cerradas desde el principio, pero empecé a buscar y a encontrar los espacios donde irme formando como una periodista de trinchera. Primero, fue en El Ciudadano, donde hice mi práctica y trabajé otros dos años, luego tuve un breve paso por Cooperativa.cl, posteriormente trabajé en la Biblioteca Nacional de Chile y hasta hoy en ElDesconcierto.cl, donde cumplo dos años.

Además de lo gratificante que ha sido para mí tener la oportunidad de aportar de forma crítica a los debates que hoy se dan en Chile, la experiencia en los medios alternativos e independientes ayuda a crecer considerablemente como periodista, pero también como persona. He tenido la oportunidad de conocer las ideas y motivaciones que mueven a los actores y movimientos sociales, además de seguir de cerca las transformaciones políticas y culturales que nuestros pueblos experimentan, formando mi propia visión política. Este tipo de conocimientos son invaluables.

En todo caso, la cosa no es miel sobre hojuelas: la precarización de nuestro oficio también se vive -y quizás se agudiza aún más- en los medios alternativos y los periodistas que elegimos este camino muchas veces debemos soportar pésimas condiciones laborales y explotación, sólo porque nos aferramos a las pocas posibilidades que existen en Chile de ejercer el periodismo de forma libre. La pelea por la dignidad de nuestro oficio es importante en nuestro gremio y quienes repudiamos la concentración de la propiedad de los medios tenemos la obligación de comprometernos con ella”.

 

¿Qué te llevó, particularmente, a trabajar en El Desconcierto y qué te mantiene ahí

El Desconcierto partió como una singular e interesante revista en papel, que contaba con la edición de un destacado periodista y profesor de esta escuela, Patricio López. En su versión impresa, colaboré en un par de ocasiones para el proyecto, atraída por la propuesta del medio de llevar a sus prioridades informativas el resurgimiento de los movimientos sociales en Chile. Hasta ahora, trabajar en este espacio también me ha permitido abrir una línea de trabajo en torno a los temas de género y feminismo, donde hasta ahora el periodismo pocas veces se había involucrado con compromiso y perspectiva. Actualmente, creo que cada vez son más los periodistas que sortean las dificultades que conllevan en este sistema las convicciones políticas y profesionales y se suman a este tipo de proyectos informativos que el país tanto requiere.

¿Cuál crees que es el papel que debe tener el periodista en un país como el nuestro?

Puede sonar majadero, pero en un país como Chile, tan limitado desde su perspectiva informativa por la concentración mediática y con una voz cada vez más servil y funcional al poder desde algunas grandes tribunas de comunicación, es fundamental que el periodista tenga una visión crítica. Sabemos que las opciones laborales dentro del periodismo son complejas, pero creo que se requiere que incluso aquellos colegas que se desempeñan en estos medios sostengan una actitud de cuestionamiento constante al escenario informativo, lo que pocas veces ocurre.

El contexto social y político que vive nuestro país no es algo que debería ser ajeno al gremio. Los periodistas tenemos la obligación de interpretar la realidad y fiscalizar al poder y el actual escenario requiere de mucho trabajo de investigación y seguimiento de diversos temas vitales para la discusión: no sólo en cuanto a política dura, sino también registrando las transformaciones culturales que se viven, por ejemplo, desde el enfoque de género, desde la mirada de los inmigrantes y las nuevas luchas sociales. Desde mi perspectiva, la responsabilidad y nuestro compromiso como gremio debe renovarse, poniendo en el centro a las mayorías, sus comunidades, luchas y denuncias en múltiples materias, lo que ayudaría a que los periodistas pudieran acortar las distancias que se han creado en los últimos años entre éstos y la ciudadanía, una incredulidad que se justifica al revisar la prensa tradicional, por ejemplo. Como ciudadana, pero también como periodista, comparto la desconfianza de diversos sectores hacia el trabajo informativo de este tipo de medios.

Ya es sabido que la situación laboral del periodista está bastante precarizada, ¿cuál es tu postura al respecto? ¿Qué crees tú que debiésemos hacer como gremio?

Como decía, la precarización de nuestra labor se da en todos los espacios, incluidos los medios alternativos. Este es un tema preocupante para los periodistas que asumimos ciertos compromisos desde el punto de vista ideológico, porque claramente no tenemos muchas alternativas como para poder dejar un proyecto así a causa de las malas condiciones laborales. El gremio hoy, además de explotado, está desunido, cada uno se preocupa de mantener la pega y salvar el pellejo, con poquísimas posibilidades de articulación o de movilizarse. Pero es nuestra responsabilidad: la única forma en que cambiarán nuestras condiciones, tal como lo ha demostrado la historia, será a través de la organización y la unidad. Pienso que tenemos que ser capaces de construir una demanda colectiva que sepa poner en el debate los múltiples problemas que nos quejan (explotación, bajos sueldos, deformación del trabajo del periodista) y es cada vez más urgente, por nosotros mismos, y por los lectores y diversos públicos. El escenario se vuelve insostenible para aquellos que amamos este oficio y también para los futuros colegas, que muchas veces deciden declinar de esta carrera por la falta de opciones reales de ejercicio.

 

Pero también hay un desafío en las audiencias que no se encuentra sólo en cambiar los medios y los contenidos, sino en un problema cultural y político que viene de más atrás.

Claro, y yo misma lo he vivido en carne propia, cuando a un medio de izquierda se le tilda de panfletario sólo por asumir una postura que los otros medios también tienen: El Mercurio es deliberadamente un panfleto de derecha, a mi parecer. Pero no suele existir hacia El Mercurio la misma desconfianza que existe sobre los contenidos de un medio de izquierda emergente, por un asunto de tradición y costumbre.

El desafío de plantear nuevos contenidos, y también nuevas formas de trabajo, con otro rescate de fuentes y perspectivas es a largo plazo. De todos modos, pese al “buen trabajo” realizado por la dictadura y la Concertación, posteriormente, en el hecho de restar al país de la discusión política en toda índole, creo que estos últimos años el mismo país comienza a exigir un periodismo diferente. Y lo requiere y así lo han señalado también los ciudadanos que se movilizan en la calle y no ven representadas sus demandas en las informaciones de los principales medios, ni tampoco sus problemas.

Para cerrar, en mi opinión, pasa con el periodismo algo similar a la crisis política e institucional que se vive en Chile: la gente comienza a hartarse, a cansarse de las mentiras y la aparición de diversos espacios informativos, sobre todo digitales, responden a esa necesidad. Las mismas redes sociales también han jugado un rol fundamental en abrir estos espacios, pero aún falta mucho.

 

Por Pablo Kohler, Vinculación con el Medio – Periodismo PUCV

17 noviembre, 2015

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