Rosalía Winocur: “Para los jóvenes ya no tiene sentido hablar del mundo offline y online como separados”

La antropóloga argentina visitó la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso para participar en un encuentro de una red investigadores en temas de participación e inclusión digital.

La profesora e investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM) visitó nuestra universidad en el marco del Coloquio-Taller “Participación e inclusión digital de niños, jóvenes y adultos”, organizado por el Estudio Kids Online Chile –liderado por el profesor de Periodismo PUCV, Patricio Cabello-, el Centro de Educación y Tecnología del Ministerio de Educación (Enlaces) y el Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (CEPPE) de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El objetivo de este encuentro fue mostrar el trabajo realizado en los últimos dos años por una red de investigadores que están desarrollando estudios innovadores en esta materia.

Rosalía Winocur es Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Es profesora e investigadora en el Departamento de Educación y Comunicación de la UAM. Se ha especializado en la apropiación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) desde una perspectiva socio-antropológica. Junto con esto, ha estudiado los procesos construcción de ciudadanía y transformación de la esfera pública en las sociedades mediáticas.

En el encuentro, la Doctora en Antropología se refirió a varios aspectos de la relación de la tecnología con la vida cotidiana y a los cambios que ha generado la incorporación de las TIC’s en distintas prácticas sociales en la actualidad.

 

Pareciera ser que se da por hecho que existe una relación inmediata entre juventud y tecnología ¿Cuáles son, según su criterio, los aspectos de esta relación?

Esta relación existe de una forma que es tan central y constitutiva de las relaciones cotidianas, que me parece que cada vez va perdiendo más sentido hacer la distinción. Es ya una redundancia preguntarnos cuál es la relación entre tecnología y juventud, a pesar de que en el mundo existen muchos lugares donde los jóvenes no tienen acceso a tecnologías. Sin embargo, incluso en los países con peor acceso y donde la conectividad es muy baja, varios jóvenes tienen un celular y al tenerlo, ya forman parte de esta cultura globalizada.

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Rosalía Winocur compartió su perspectiva acerca de las investigaciones que se presentaron en el Coloquio-Taller “Participación e Inclusión Digital de niños, jóvenes y adultos”

Esta cultura global es para cualquier edad, pero se piensa mayormente en jóvenes porque es donde las tensiones, las transformaciones y las posibilidades se vuelven más evidentes. Al mismo tiempo, se hacen más manifiestas las paradojas que presentan las formas de cultura contemporánea. Los jóvenes son quienes mejor encarnan esta realidad, primero, porque son quienes hacen el uso más intensivo y extensivo y, segundo, porque es tanta la naturalización que han hecho del uso de tecnologías de la información en su vida, que no tienen necesidad de hablar de esto, sólo lo hacen cuando alguien les pregunta “cómo es tu relación con el celular”. Simplemente es parte de su vida cotidiana. Lo que yo creo es que cuando uno habla de jóvenes y de culturas juveniles, el uso de la tecnología está implícito.

Esto también tiene una consecuencia importante: ya no tiene sentido hablar del mundo offline y del mundo online como separados. Esa es una distinción que les hace sentido a los adultos que necesitan imaginariamente decir que todavía controlan el mundo y que ese mundo que controlan es el offline.

 

¿Qué posibilidades ve para los jóvenes en esta integración de las TIC’s a la vida cotidiana?

Las posibilidades se ejercitan y amplían cotidianamente tanto como el espacio en que ellos se muevan les vaya exigiendo en términos de distinción, de valores compartidos, de comunicación. Seguimos siendo parte de pequeñas tribus. Ellos tendrán mil o mil quinientos contactos, pero en realidad con los que se comunican todo el día (los grupos de whatsapp que suenan todo el tiempo) son con los familiares, con los compañeros y con las personas que ven todos los días, no con toda la lista de contactos. No interactúan más que con veinte o treinta personas.

Y al mismo tiempo, muchas de las posibilidades tienen que ver con lo que la tecnología les permite, pero también con lo que les hace sentido. Entonces, habrá comunidades de video juegos, donde adquirir las habilidades para esos juegos es clave. En otro momento de su vida, serán las habilidades para administrar varias redes sociales.

 

¿Y las restricciones?

Las desigualdades se reproducen en el mundo virtual. Quizás todos puedan tener habilidades parecidas, pero a los hijos de las familias con más recursos, esas habilidades le permitirán seguramente multiplicar y ampliar su capital social, cultural y simbólico.

Y en las otras no, las posibilidades van a seguir siendo mucho más reducidas. La habilidad digital quizás les permita jugar, mantenerse en contacto, pero eso probablemente no los coloque mejor posicionados en el mercado de trabajo si esto no va asociado con que se superen otro tipo de brechas. Yo no entiendo como eso se sigue poniendo en duda y se sigue confiando en que el uso de los recursos digitales va a poner a los pobres del otro lado. Eso no va a pasar.

¿Pueden de alguna forma las tecnologías ayudarnos a generar una mayor integración o aceptación de nuestras diferencias?

Nuevamente acá hay que pensar en términos paradójicos. Sin lugar a dudas las generaciones actuales son mucho más tolerantes. Puede que el acceso a tecnologías lo haga más evidente, pero no es por eso lo que son.

Estas generaciones son mucho más tolerantes con la diversidad, aceptan que haya otros que sean distintos, que exista diversidad sexual, étnica o de otro tipo. Pero, paradójicamente, esta mayor tolerancia no se traduce, salvo que el ambiente de socialización lo permita, en una mayor integración.

En las redes sociales se nota que son todos mucho más tolerantes, se posicionan en ciertos temas, cuestionan severamente las actitudes racistas, de bullying, etc., pero si no interactúan en la universidad, en la escuela o donde sea con personas de diferentes etnias, de diferentes sexualidades, no hay mayor integración. Tienen una retórica mucho más tolerante, pero se siguen relacionando básicamente con “blancos heterosexuales”.

Yo siempre cuento la historia de unos jóvenes que decidieron casarse en Mc Donald’s. Cuando les preguntan porque se casaron ahí, ellos explican que se fueron a la India y después de muchos días de comer una comida muy extraña y muy picante, encontraron un Mc Donald’s y ahí se sintieron como en casa. Fíjate en todas las contradicciones que encierra esto, es decir, estar en casa para dos personas mexicanas era estar en Mc Donald’s, en la cultura americana de la hamburguesa. Al mismo tiempo, hace veinte o treinta años, a ningún joven se le hubiese ocurrido ir a la India. Primero, porque muy poca gente tenía el dinero para viajar a estudiar, pero además, difícilmente un joven hubiese escogido irse a la India, hubiese escogido París o cualquier ciudad del circuito europeo.

Entonces, vemos esta tensión. Una mayor tolerancia y una mayor amplitud que tiene mucho qué ver con lo que cotidianamente les llega de otras culturas a través de las tecnologías de la información y comunicación. Pero, cuando van a la India, les parece muy complicado adaptarse a algunas cosas. Ellos no hicieron ningún comentario despectivo, al contrario, estaban encantados, pero no pudieron comer la comida y se sintieron contentos cuando pudieron comer en un Mc Donald’s.

Lo que yo creo es que los viajes permanentes que hacemos en la red estimulan mucho las ganas de ir a otros lugares. Nunca antes los jóvenes habían viajado tanto como ahora. Hay un interés por conocer otros lugares, pero, al mismo tiempo, manteniéndose siempre en los circuitos de los turistas.

Lo que sí me parece que dan las redes sociales e Internet es que han creado una ansiedad de conocer y de relacionarse con los otros, aunque sea ilusoria o prejuiciosamente. Pero, no me parece que Internet por sí solo haga posible contactarse con el otro.

 

 

Por María Paz Gálvez P.

Vinculación con el Medio – Periodismo PUCV

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