Académicas de la Escuela de Periodismo asisten a reunión de red de trabajo UNESCO acerca de Género, Medios y TIC’s

En el marco de los grupos de trabajo UNITWIN, María Pilar Bruce Hoyuelos y María Soledad Vargas Carrillo participaron en una instancia que reúne a profesionales de la comunicación de distintos países y que fue realizada en Costa Rica. En dicho encuentro, los integrantes lograron diseñar un modelo de curso que integre la perspectiva de género y que sea incluido en las mallas curriculares de las escuelas de periodismo y de comunicación a nivel global. A propósito de este tema y los desafíos de la red conversamos con ambas profesoras.

 

¿Cuál es la situación de la participación de las mujeres en los medios de comunicación chilenos?

Según los últimos informes globales de organizaciones internacionales que estudian los asuntos de género, Chile tiene la peor situación de empoderamiento de las mujeres en toda Latinoamérica. Es el país que tiene los niveles más bajos de presencia de mujeres en los altos cargos directivos en medios de comunicación: un 8,6%.

¿Cómo están los otros países que participaron en la reunión en Costa Rica?

La realidad es bastante diversa, porque hay países de Europa, Norteamérica, Asia y Oceanía. En general, en los países más desarrollados no es la misma situación. En el caso de Estados Unidos podríamos decir que hay un retroceso que está relacionado con las políticas públicas y con cómo Trump se ha manejado. Había una profesora norteamericana que decía que en la Casa Blanca eran todos blancos, no había ningún inmigrante y eran todos hombres.

En Europa no existen estas circunstancias, tampoco en Australia, debido a que hay políticas públicas que están orientadas a eso. Los propios medios de comunicación tienen políticas respecto a la contratación de mujeres y hombres y hay una perspectiva igualitaria, no solo en términos de la incorporación de mujeres, sino también en la disminución de la brecha en materias salariales que hay en esos países.

Probablemente, la peor situación está en los países menos desarrollados, como en Sudamérica, algunos países asiáticos y, por supuesto, África. En Etiopía están peor que nosotros, que es otro de los países que están trabajando en la misma red. Pensando que Chile pertenece a la OCDE y que, supuestamente, se rige por los principios que proclama dicha entidad, nuestras cifras dan vergüenza.

¿Cuáles son los indicadores de sensibilidad que miden la desigualdad de género?

Algunos son la comparación de brechas o el tratamiento informativo, frente a qué temas aparecen las mujeres como fuentes. Lo que promueven estos indicadores es tratar de sensibilizar respecto a esas inequidades, porque hoy las mujeres aparecen como fuentes para los medios cuando se trata de temas de familia, educación, cuidados y como víctimas. No solo como víctimas de abuso o de acoso, sino también como víctimas en términos de que son más pobres. Siempre aparecen victimizadas.

Se busca sensibilizar a los medios de comunicación para que sean conscientes del tratamiento que hacen de la información. Hay que empezar a equiparar las cosas, es decir, mostrar a mujeres hablando de política, defensa o de economía, y no necesariamente de aquellos asuntos que generalmente son una extensión del espacio privado.

¿Este proyecto marca un precedente para una solución a la inequidad de género?

El proyecto consiste en que UNESCO acogió la iniciativa de tres profesoras provenientes de México, Australia e Italia. Ellas lo presentaron para hacer una red de universidades que investigaran sobre el tema y UNESCO les da el espacio, porque advierte que el diagnóstico que realizan estas académicas es certero, hay que lograr una equidad de género en los medios e incorporar la perspectiva de género en las mallas curriculares.

Esta situación de desigualdad de género se podría revertir en la medida en que se empieza a educar y formar a periodistas, hombres y mujeres, con sensibilidad de género. La idea es abrir los ojos y desnaturalizar ciertas prácticas de desigualdad que, muchas veces, se traducen en violencia hacia la mujer y que aparecen en titulares que la normalizan, lo cual no debiera ser.

No es solo un cambio para las universidades, sino que busca influir a nivel legislativo.

Sí, a largo plazo. Si comprometes una política institucional al interior de las universidades es evidente que vas a tener periodistas sensibles. Sin embargo, también la idea es poder dialogar con el mundo político, poder incidir en las agendas políticas del Parlamento para que esto sea una realidad y para que existan sanciones más duras hacia quienes transgreden o violan los derechos de las mujeres.

Existe una preocupación global por la desigualdad de género, porque la reunión integra a países de Latinoamérica, Europa, África y Asia, además de Australia.

Los países miembros se han comprometido a respetar estos derechos de las mujeres. Incluso, hay un documento de la UNESCO que señala los indicadores que se han logrado y los que no. Hoy, el diagnóstico es desfavorable, estamos más al debe en comparación a lo alcanzado.

Esto está relacionado con acuerdos que han firmado los distintos países, como aquel perteneciente a la Conferencia Mundial sobre las Mujeres que se celebró en 1995 en Beijing. Los presidentes han firmado esos acuerdos y no están cumpliendo con lo que se comprometieron.

¿Qué temas conversaron en la pasada reunión en Costa Rica?

Nosotras teníamos que llevar los diagnósticos que hicimos en nuestras universidades. Ya habíamos revisado los programas de periodismo de nuestra escuela, tanto las asignaturas obligatorias y optativas como también del Magíster en Comunicación. En esa revisión surgieron cuatro cursos que incorporaban, en parte, la perspectiva de género en su materia. Entonces, a partir de esa información, se les pidió a esos cuatro profesores que participaran de un cuestionario online.

También se nos había encomendado hacer un grupo de trabajo, un workshop, en el que nosotros convocásemos a distintos actores. Decidimos hacer una muestra representativa, que fuera gente de Valparaíso, Santiago o del centro sur. No solo había académicos y académicas, también tuvimos estudiantes en ciclo de formación terminal; representantes de gremios, del Colegio de Periodistas, de la Asociación de Mujeres Periodistas en la Región de Valparaíso. A ellos también se les hizo una serie de preguntas para aportar a este modelo de curso que se está diseñando.

Cada país que asistió a la reunión en Costa Rica había enviado previamente sus resultados, los que tuvo que presentar y comentar. A partir de esos datos, se trabajó en un diseño de un modelo de curso. Entonces, nos dividimos en comisiones; establecimos cuáles eran los objetivos prioritarios, los enfoques, los desarrollos de los temas y los recursos bibliográficos.

Fue una reunión de dos días en la que trabajamos intensamente y logramos diseñar este modelo. Al tercer día, eso se presentó en la Universidad de Costa Rica, se abrió a la comunidad y mostramos lo mismo que habíamos hecho, pero los resultados de cada país estaban resumidos.

¿Cuál es el escenario de nuestra Escuela de Periodismo?

Estamos al debe, porque no hay ninguna asignatura que asuma obligatoriamente una perspectiva de género en su programa. Solo ocurre por voluntad propia de los profesores que lo han determinado así. Hoy es así, mañana esos profesores podrían no estar y desaparecerían esas temáticas. Lo positivo es que el rector, Claudio Elórtegui Raffo, al apoyar nuestra incorporación a la red demuestra un compromiso institucional, porque es UNESCO que nos acoge.

Queremos partir con una asignatura optativa, tanto en el pregrado como en el Magíster en Comunicación. Ahí advierto que todavía no se logra el objetivo, porque solo lo haces con un público que está interesado, que está formándose en otras instancias. Sin embargo, no estás llegando a la gente que le da igual, que no tiene idea o que no se lo ha cuestionado.

¿Los periodistas cómo pueden fomentar la equidad de género en los medios de comunicación?

Una ex alumna del magíster, Denisse Lassnibatt, hizo una investigación basada en cómo trabajar temas en casos de violencia de género. Hay muchas guías y de material que sirven para no hablar de víctimas, sino que del sujeto que ha sido objeto de violencia. Muchas veces se hace el trabajo periodístico como una rutina periodística, no se asume que uno podría decirlo de otra manera. No hay para qué meterse en la vida privada de una persona o en los detalles morbosos que muestran los medios.

Debiera haber, por parte del Colegio de Periodistas, un código ético mucho más fuerte. Así como en el Consejo Nacional de Televisión se sancionan ciertas imágenes que son escandalosas, debiera haber un defensor del lector en el que realmente pudieses quejarte y dar una sanción aunque fuese moral, no monetaria.

 

Por Matías González Olguín

Postgrados- Periodismo PUCV

22 mayo, 2018

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