Profesor Claudio Elórtegui y su aporte a los estudiantes del Magíster en Comunicación: “hay que imaginar nuevas fronteras para ser más felices”

Su apretada agenda incluye la participación en reconocidos congresos internacionales que abordan una serie de temáticas relacionadas con la comunicación, la política y la globalización. Sin embargo, se considera “demasiado autoflagelante” para considerarse un referente en sus áreas de estudios. Los desafíos que está enfrentando la sociedad, el actual comportamiento de las personas, el rol del periodista y mucho más en la siguiente conversación.

En el Congreso de la Asociación Internacional de Estudios y FLACSO, desarrollado en Quito, usted participó en una mesa que abordaba la diplomacia pública digital. ¿Cuál es la experiencia que tiene este fenómeno en Iberoamérica y, específicamente, en Chile?

Lo primero es percatarse que incluso en el ámbito de la política internacional y la diplomacia, el espacio digital comienza a presentar una relevancia que hace algunos años difícilmente se pensaba que se lograría. Las comunicaciones digitales otorgan una serie de posibilidades de gran atractivo para la interacción de los liderazgos internacionales, sobre todo a nivel de la rapidez en la búsqueda del impacto en la opinión pública y en el intento por controlar la agenda mediática de las naciones en las que se quiere o necesita visibilizar los discursos. En este plano, Iberoamérica presenta experiencias de interés y algunos ejemplos más desarrollados que otros. Para el caso de Chile, paulatinamente comienza a exhibirse un mejor manejo de estos recursos, pero esto depende mucho de lo que pueden hacer los propios protagonistas en sus cuentas, y en eso el ex ministro Heraldo Muñoz y el actual ministro Roberto Ampuero comprenden la lógica y el juego estratégico que hay detrás.

Entendemos a la diplomacia pública digital como la gestión y proyección de una imagen internacional de los países, pero desarrollada en un espacio virtual. Sin embargo, aún existen dificultades para algunos actores de llevarla a cabo. ¿De qué tratan estos inconvenientes y cómo podrían superarlos?

Hay muchos inconvenientes y esos suelen estar asociados a una forma de aplicar, desarrollar y comunicarse con los públicos estratégicos desde los vicios que se dan en el mundo analógico de la política. Ahí hay una cultura política que entiende las audiencias y el protagonismo de la ciudadanía digital como un tipo de ejercicio político informacional y no comunicacional. Esos vicios también se pueden traducir en el oportunismo político, el desinterés por construir comunidades y la unidireccionalidad del mensaje, entre otros. Eso es difícil superar cuando consideras que lo digital es simplemente reproducir lo que haces en la política contingente o la utilizas solo para una explotación emocional que busca generar reacciones inmediatas para aglutinar bots o servir a las fake news.

Por otra parte, la sociedad no ha prestado la atención que requiere la Inteligencia Artificial por ser un asunto tecnocrático. ¿Cuáles son sus expansivas y revolucionarias consecuencias en la vida cotidiana?

Tengo el convencimiento que será lo que señalas, una revolución. Y no es cualquiera, es una meta-revolución que por sí misma genera un conocimiento nuevo y no necesariamente dependiente de los humanos. Ahí estará la incertidumbre, como pocas veces la hemos experimentado como organismos vivientes y sapiens dominadores de este planeta. La Inteligencia Artificial cambiará de manera radical la forma de hacer periodismo y el rol del periodista en sus rutinas de trabajo. Por lo que hay que empezar a actuar en modificaciones profundas en los currículos, planes de estudio y en el sentido que tenemos de la comprensión de la comunicación y lo que hoy llamamos universidades. En tanto, las crisis sociales que estamos viviendo son en parte porque seguimos actuando bajo determinados paradigmas políticos que no van de la mano con los tipos de velocidades en los cambios, por lo que las narraciones e interacciones no sintonizan con nadie, salvo cuando aparece un neopopulista.

En relación a lo anterior, ¿qué retos supone a la ética y a las profesiones como el ser periodista?

Creo que es el momento de avanzar a una ética de revalorizar lo humano en su simplicidad y trascendencia, pero yo tengo más interrogantes que respuestas en los fenómenos que estudio. Por ejemplo, ¿cómo nos vamos a entender con las máquinas, con estados de conciencia nuevos y con la singularidad tecnológica? Como periodistas, uno de nuestros retos será no caer en la trampa de transformarnos en constructores de virtualidades totalitarias, falaces y dueñas de la verdad moral. Pero en este plano soy un pesimista.

En este contexto, ¿qué rol está adoptando el populismo en las comunicaciones? Además, ¿quiénes son los que están más expuestos a los efectos de esta tendencia política?

El populismo en la comunicación política tiene el rol de articulador entre las aspiraciones de cambios naturales y lógicos de millones de humanos cansados o hastiados de sufrir los embates de una globalización, ya sea porque deben acogerse a culturas que los reciben con desconfianza pues sus países están desintegrados por guerras comerciales provocadas por agentes internos y externos; o porque los sistemas en los que están, no cultivaron en esos sujetos valores ciudadanos adaptativos a un nuevo tejido sociotecnológico, que los desecha en sus tradiciones y utilidad laboral, cognitiva y emocional. La crisis de alteridad que se está cultivando en la manera de entender los procesos políticos actuales, hará que el populismo conviva de manera global. En algunos casos permitirá nuevas democratizaciones posibles, en otros autoritarismos. Chile no será una excepción.

¿Cuáles son los grandes desafíos a los que nos estamos enfrentando hoy? ¿Vivimos en un mundo similar al que ilustra la serie de televisión Black Mirror?

Mi impresión es que el gran desafío es el control del conocimiento y el mundo, pero en un contexto de irreversibilidad de los daños. Los avances biotecnológicos, nanotecnológicos, de inteligencia computacional y de tecnologías de la comunicación deberían augurar un nuevo futuro. Pero la situación medioambiental, la concentración de poder y la crisis de la democracia pueden terminar de estropearlo todo. Si a eso sumas un mundo donde la prioridad es subir fotos vacías a Instagram y no preguntarse por el siguiente libro que puedo leer, las situaciones de Black Mirror serán de todos los días, pues no hay capacidad crítica con lo que rodea, sino solo likes.

Dada la frecuencia de las conferencias o congresos a los que asiste y sus investigaciones de alto nivel, ¿siente que es un referente en temáticas que están relacionadas con la comunicación? ¿Por qué?

Te agradezco la pregunta, pero soy demasiado autoflagelante para responderla (risas).

Además de sus clases a los alumnos de pregrado, ¿cuál considera que es su aporte a los estudiantes del Magíster en Comunicación de la Escuela de Periodismo?

Luego de estar volcado por más de 15 años todos los días al ejercicio de la profesión y a la docencia, en los últimos años por fin estoy teniendo el tiempo necesario para dedicarme a la investigación y a la pasión por volver a encontrarme con la reflexión empírica de los procesos de comunicación política. Mi “coctelera” ahora mete los aportes de los colegas del área de la inteligencia artificial para cruzarla con la política, y estoy avanzando en el diálogo entre la futurología y la comunicación política. ¿Qué sistemas políticos y electorales vamos a tener cuando nuestros nietos comiencen la diáspora? ¿Vale la pena tener parlamentarios como los que hoy tenemos si podemos crear asistentes inteligentes que comparen al instante la legislación de todo el mundo y las variables culturales? ¿Facebook trasladará su modelo corporativo a un tipo de democracia digital global o un sistema de vigilancia total? Todas estas interrogantes no tienen sentido si no despiertan en otros la necesidad de imaginar nuevas fronteras para ser más felices.

¿Cuál es la importancia de que distintos profesionales, no solo aquellos ligados a las comunicaciones como los periodistas, sepan las consecuencias que ocasionan la globalización y la digitalización de nuestros modos de vivir?

Es intentar entender el tablero de ajedrez que hoy se está configurando, que tiene similitudes al diseñado el siglo XX pero que presenta una serie de otros tableros en paralelo conviviendo en el mismo espacio-tiempo con características cuánticas y neuronales propias. Cuando declaramos como escuela que hay una manera de entender estratégicamente la comunicación, si no estamos enterados cómo nació la globalización, cuáles son las perspectivas que la diseñaron y las tensiones que habitan en ella, será difícil identificar los micro y macro actores, sus conflictos y los escenarios emergentes. ¿Qué vamos a relatar, qué vamos a transmitir como seres humanos si finalmente cuando interactuamos con los entornos no los interpretamos en lo más mínimo?

¿En qué proyectos está trabajando actualmente y qué publicaciones o eventos aprontan?

Sigo trabajando en un proyecto interdisciplinario liderado por el profesor Pedro Santander para acercarnos a la búsqueda de la predicción electoral por redes sociales y su impacto en los medios tradicionales; sigo aprendiendo de la profesora Claudia Mellado y su capacidad metodológica para diseccionar los grandes volúmenes del contenido periodístico chileno desde la política y el poder. Por esas sendas van a aparecer nuevas publicaciones en el corto plazo. Pero también se abren nuevos desafíos con ALICE y cómo podemos apoyar al nuevo presidente Mario Riorda y una publicación en México con investigadores de San Luis de Potosí. Además, sigo trabajando silenciosamente en los populismos mediáticos para repetir las participaciones en una serie de eventos internacionales para el 2019.

 

Por Matías González Olguín

Postgrados Periodismo PUCV

14 noviembre, 2018

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