Docente de Magíster en Comunicación asiste a una nueva edición de CLACSO en Buenos Aires

Pedro Santander, profesor de la Escuela de Periodismo, viajó a Argentina para participar en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales 2018 (CLACSO), que se realiza cada tres años. Allí presentó sus investigaciones y compartió con reconocidos pensadores críticos latinoamericanos como la otrora mandataria brasileña, Dilma Rousseff, quien fue uno los puntos altos de la jornada. En la siguiente conversación, el académico relata su experiencia y entrega sus puntos de vista acerca de la política continental y chilena.

¿En qué consistió este 1º Foro Mundial del Pensamiento Crítico de CLACSO? ¿Qué abarcó su presentación en este evento?

CLACSO es la gran instancia que reúne al pensamiento de las ciencias sociales críticas en América Latina. Siempre es un momento tremendo que convoca a miles de personas. Al acto inaugural fueron 25 mil personas. Es un evento importante, donde lo mejor del pensamiento crítico latinoamericano de izquierda se manifiesta.

Una de mis presentaciones estuvo relacionada con el grupo interdisciplinario de investigación que conformamos en la universidad, entre los cuales hay ingenieros informáticos, lingüistas y comunicadores pertenecientes a nuestra escuela de Periodismo. Estamos haciendo un análisis de Twitter, fundamentalmente, durante el periodo electoral chileno de 2017 y yo fui a CLACSO a demostrar el comportamiento chileno en esta red social en un año de elecciones.


¿Qué representa CLACSO para la izquierda latinoamericana?

Representa lo mejor de la tradición teórica, crítica, social y política de América Latina. CLACSO es una agrupación de investigadores, académicos y pensadores latinoamericanos que miramos el continente con nuestros propios ojos, no con una mirada europea o gringa.


También significa esperanza. Al término del congreso muchos espectadores manifestaron optimismo de cara al futuro y el acontecer de la política de esta parte del mundo.

América Latina, especialmente con lo que pasó en Brasil, está viviendo una etapa compleja que se traduce en la llegada o avance violento de la ultraderecha, la peor cara de la humanidad que involucra racismo, clasismo, misoginia y no tiene problemas en decirlo.

Frente a eso, encontrarse con miles de personas que tienen una visión distinta y buscan rutas de salida alternativas siempre es esperanzador y bonito. En ese sentido, políticamente hablando, fue de mucha fuerza y entusiasmo con un espíritu combativo.


Contó con grandes figuras de la política latinoamericana como la ex Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. ¿Sobre qué se trató su presentación?

Su presentación se llamó “Democracia, ciudadanía y Estado de excepción” y habló acerca de lo que había hecho el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT), describió cómo fue el golpe contra ellos y planteó proyecciones, entre ellas, que el PT resistirá y comenzará a prepararse para expulsar a la ultraderecha del gobierno.


La ex Presidenta Rousseff partió su conferencia señalando que “para mí es muy importante estar en CLACSO 2018. Vengo primero a conversar con nuestra América Latina. Quienes ganaron las últimas elecciones están de espaldas a ella”, refiriéndose al triunfo electoral de Jair Bolsonaro en Brasil. ¿Cuál es la actual situación política de esta parte del continente?

Estuvimos casi quince años viviendo un momento esperanzador, interesante y único en América Latina, desde que somos independientes de los españoles. Único en el sentido de que se juntan muchos gobiernos con una perspectiva similar que se caracteriza por ser progresista y soberana, no necesariamente bajo el mandato y dictado de los gringos. Eso nunca había pasado en América Latina, que diez países se alinearan en la izquierda y que alcanzaran notables cifras, como sacar a 70 millones de personas de la pobreza. Lo que ha hecho el neoliberalismo, durante este poco tiempo, es meter gente a la pobreza.

También fue un momento de bastante soberanía, ya que hubo países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Honduras que prohibieron la instalación de bases gringas en sus países. Eso es algo único, porque las bases norteamericanas están en toda América Latina. Chile tiene una en Concón, en Argentina están instalándose y en Colombia hay siete. En Ecuador había, pero una de las primeras decisiones del ex Presidente Rafael Correa fue sacarlas. Mientras que en Brasil, Lula y Dilma no permitieron la entrada de tropas estadounidenses para que hicieran sus ejercicios militares en la Amazonia, cuestión que Bolsonaro lo permitirá ahora.

Por lo tanto, fue un periodo en el que por primera vez se trató de distribuir la renta entre los más desposeídos y se hizo una serie de políticas de soberanía como las que mencioné. Todos estos países trataron de buscar alternativas para el neoliberalismo.

¿Qué fue lo que pasó? Por diversas razones, errores propios y ataques externos, hoy estamos viviendo un contra-ciclo, por llamarlo de alguna manera. La ultraderecha está en Colombia, donde está lo peor, solo este año han matado casi 200 líderes sociales. Mauricio Macri está destrozando Argentina; Piñera, precarizando toda la fuerza laboral. En Brasil, lo primero que hizo Michel Temer fue prohibir, constitucionalmente, durante veinte años, que se haga una reforma laboral o a las políticas sociales.

Para los que profesamos el pensamiento crítico estamos viviendo una etapa complicada y creemos que significará mucho sufrimiento para el pueblo latinoamericano.


Otra de las frases importantes que Rousseff dijo fue que en la actualidad se están uniendo el neoliberalismo con el autoritarismo, dando como resultado algo similar a lo vivido por Chile durante la dictadura. A propósito, ¿qué opina acerca de este neofascismo que impulsan políticos chilenos como Camila Flores y José Antonio Kast?

Los representantes del capital nunca pensaron que iban a vivir una situación histórica como la que estamos viviendo hoy, donde ellos pudieran ganar mucho con tan poca resistencia. Ni ellos lo pensaron en sus mejores momentos, es decir, este es su mejor momento, porque han desmantelado los sindicatos en todo el mundo, desarticulado el movimiento social por las vías más violentas y corrompido las bases institucionales de la democracia.

Entonces, están en una situación en que la apropiación que hacen de la riqueza y del excedente de un país es la más grande de la historia de la humanidad. El capital no quiere hacer la más mínima concesión a la clase trabajadora. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se crea el Estado de bienestar, frente a lo que era la amenaza para ellos de la Unión Soviética y de todo el bloque socialista que existía en esa época, se hicieron muchas asignaciones a la clase trabajadora occidental, pero para frenar el avance del socialismo.

Ahora que todo eso se derrumbó, que existen debilidades, precarizaciones y poca fuerza para oponerse al capital, este exhibe su cara más bestial. Cero concesiones. De hecho, aquí lo vemos con el caso de los portuarios. Si tú le cuentas a alguien de otra parte del mundo que hay trabajadores que tienen contratos diarios, nadie lo creería, eso es del siglo XIX. Un tipo puede tener 200 contratos al año porque le dura un día, tiene que estar esperando el llamado telefónico y no puede buscar otra fuente laboral, si lo llaman y no está, pierde el trabajo. La negociación entre los portuarios y TPS Valparaíso llegó a un punto en que la empresa ofrece préstamos y gift cards. A eso hemos llegado, así de débil está el trabajo frente al capital.

Los Trump, los Bolsonaro, los Van Rysselberghe y los Kast representan la derecha más extrema que menos concesiones quiere hacer, ni siquiera valóricas, porque la derecha neoliberal al menos sí las hace, como el matrimonio igualitario. La ultraderecha no lo hace, ninguna licencia a los sectores progresistas o populares.

En ese sentido, estamos insertos en una situación compleja y que nos obliga, por lo menos a la izquierda, a retomar el contacto con las clases populares. Una buena parte de la izquierda perdió mucho tiempo encargándose en las políticas identitarias, como la de los animalistas, el veganismo o el matrimonio homosexual. Se olvidó de los grandes temas que son la precarización laboral, la destrucción absoluta de la clase trabajadora y de los niveles de explotación del ser humano. Desde la izquierda somos los únicos que podemos ofrecer una alternativa política a la ultraderecha. No lo hará lo que queda de la Concertación, porque están desprestigiados absolutamente ni tienen la capacidad política de hacerlo. Nadie más puede, solo nosotros.

No obstante, para eso tenemos que volver a hablarle al mundo popular, porque con el veganismo no lo consigues. La derecha dura lo está logrando cuando habla contra los inmigrantes o cuando se refiere a economía y seguridad. Nosotros tenemos que retomar el diálogo con el mundo popular.


Lo cual se logra mediante contacto con el barrio y la calle, ejerciendo una actividad política concreta también en redes sociales.

Las redes sociales ayudan. Se trata de una combinación entre calle y redes, pero lo importante es cambiar los temas. A los portuarios qué les importa si a los catorce años puedo escribir mi nombre como hombre o mujer. Ellos están viendo si mañana van a tener contrato o no. De eso tenemos que hablar.


¿Qué rol debemos adoptar los periodistas y los medios de comunicación ante estas expresiones neofascistas? ¿Qué posición hay que tomar frente a la sociedad?

En situaciones como la actual, “decir la verdad es un acto revolucionario”, como una vez manifestó George Orwell. Hay tanta distorsión y falsedades intencionales que los periodistas debemos estar ahí para decir la verdad. Nosotros vivimos en un país tremendamente desigual, injusto y precarizado. Por lo tanto, hablar y retomar esos temas es fundamental para acercarnos al mundo popular a favor nuestro y no de la ultraderecha.


Nacho Levy, periodista crítico argentino, señaló que hay que romper el pacto de silencio de los periodistas y lo dijo de una manera muy especial e interesante: “si le tienes miedo al pueblo, no puedes ser periodista”.

Fue notable. Él dijo que los periodistas no entran a los sectores populares a hacer notas o a conocer. Tienen miedo a que los asalten, que les vaya a pasar algo, pero no saben que ahí está la verdad, que el 70% de la población nuestra vive en el sector popular. En Chile, los cerros de Valparaíso, por ejemplo.

Existen muchas broncas contra el neoliberalismo. Lo que pasa es que quien ha sabido politizar esa molestia es la ultraderecha, que es la peor de las salidas, porque eso es más neoliberalismo. Mientras que la izquierda no ha podido politizarlo por estar preocupándose de políticas identitarias.


Algunos de los ejes centrales de CLACSO es combatir el racismo, la discriminación étnica y de género y garantizar y dar protección legal en los procesos migratorios y de movilidad humana. ¿Qué opina de la marginación del gobierno chileno del Pacto Migratorio de la ONU?

Es terrible y lamentable, pero no me sorprende. Da cuenta del carácter fascista y la fuerza que está tomando la ultraderecha al interior del gobierno. Esa cuestión que están hablando ahora, de que hay pinochetistas en la derecha, me da risa. La derecha chilena es pinochetista. ¿Recién se vienen a acordar de eso?

Me parece tan extraño, porque el ministro del Interior, Andrés Chadwick, es un ferviente pinochetista. Él perseguía y le pegaba a la gente de izquierda en el campus de la Católica en Santiago durante la dictadura. El ministro de Justicia, Hernán Larraín, fue un férreo defensor de Colonia Dignidad, que es lo peor que te puedes imaginar. Ese fue un recinto donde se cometieron los peores crímenes contra presos políticos y niños. Tienes ministros que son entusiastas pinochetistas y hoy todos andan preguntándose que cómo es posible que en la derecha chilena haya pinochetistas, si está lleno de ellos.

Lo que hace el gobierno con la no firma del Pacto Migratorio es demostrar ese pinochetismo racista y nacionalista y que sigue una lógica fascista: que el pueblo se enoje con el pueblo, que el penúltimo le pegue al último, siendo este los inmigrantes. Por ende, todos contra ellos y así yo me evito problemas.


¿Los conocimientos que usted adquiere en experiencias como CLACSO se los transmite a los estudiantes del Magíster en Comunicación?

Hicimos un libro llamado “Voces Abiertas de América Latina. Comunicación, política y ciudadanía”. Realizamos una reunión de los centros CLACSO de Chile y sacamos este librito, lo que fue una bonita experiencia. Uno siempre está transmitiendo todos estos conocimientos, no solo en el magíster, sino también en el pregrado.


El Magíster en Comunicación está cerrando el primero de los cinco años de acreditación. ¿Qué opina sobre el posgrado de nuestra Escuela de Periodismo?

El magíster está en una etapa de creciente madurez. Sabe el tipo de estudiantes que tiene, lo que ellos quieren, lo que nosotros queremos transmitir. Entiende cómo hacer esa simbiosis entre lo que hay que entregar y lo que uno recibe. Por ende, está muy bien consolidado y los cinco años de acreditación demuestran eso. Somos el único magíster en comunicación acreditado con esa duración en todo Chile. Por otro lado, está haciendo trabajos de graduaciones cada vez mejores y con potencial de publicación.

 

Por Matías González Olguín

Postgrados – Periodismo PUCV

 

 

8 enero, 2019

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