Egresadas de Periodismo PUCV obtienen mención honrosa en premio de Periodismo y Derechos Humanos

María Paz Novoa, Victoria Pinto y Fernanda Pizarro obtuvieron una mención honrosa por su trabajo de investigación periodística en el contexto de su participación en el Premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos que otorga el Museo de la Memoria y Derechos Humanos y el Colegio de Periodistas.

El trabajo audiovisual que presentaron en la categoría de Estudiantes fue el realizado en el Taller de Campo Profesional Audiovisual, a cargo de la profesora María Eugenia Moreno. En este, titulado Huellas de Rocas, se adentran en la historia de “Las Cabañas”, centro de adiestramiento y tortura de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en Santo Domingo, San Antonio, espacio que originalmente estaba concebido como una colonia de veraneo durante el gobierno de la Unidad Popular (UP).

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos junto al Colegio de Periodistas entregan el Premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos desde el 2015, invitando a participar a directores, editores, periodistas,  columnistas y, a partir del 2018, a estudiantes de periodismo que hayan generado material sobre memoria y Derechos Humanos.

Sobre la experiencia de desarrollar este trabajo y de lo que significa el reconocimiento obtenido, Victoria Pinto nos cuenta algunos detalles.

 

Desde el punto de vista histórico ¿En qué aspecto decidieron centrar el relato que cuentan en el documental?

En la memoria, tomando en cuenta cómo lo presentamos, de hecho, son cuatro partes del documental: un preludio que justifica por qué hacemos el documental; el segundo, que se llama “La construcción de un sueño” donde mostramos cómo desde la UP, a través de un decreto presidencial sobre el derecho al descanso, se genera todo este proyecto de las cabañas vacacionales, esa parte no te la cuentan, más allá de todos los matices que pudo haber tenido la UP, no te cuentan que uno tenía garantizado el derecho al descanso, que es algo que hoy  día trae un montón de problemas económicos a las personas: descansar sin sueldo o no poder descansar. Luego, mostramos cómo se apropian de ese espacio (la DINA), y cómo este espacio es abandonado. Entonces, es la encarnación de un espacio físico y sus mutaciones en la historia, en el fondo, el espacio no tiene una historia oficial, no existe una verdad sobre esa historia. Entonces, es la memoria de ese espacio físico narrado por Ana Becerra (Presidenta de la Fundación por la Memoria de San Antonio).

 

¿Qué las motivó a escoger esa temática?

Con la Fernanda tenemos una sensibilidad por el tema, debido a asuntos personales, familiares e historias. La María Paz tiene una sensibilidad con el tema de los Derechos Humanos, de hecho, ella ahora está trabajando en una ONG.

Por otro lado, lo que nos llevó a tomar este caso en particular fue que mi hermano hizo una obra (de teatro) por solicitud de la Fundación por la Memoria en San Antonio. Nosotras queríamos hacerlo en un comienzo enfocado acá en la región de Valparaíso, pero era tanto que no sabíamos cómo abarcarlo. Y bueno, mi hermano ya tenía la investigación completa y un día una de las actrices me dice que hiciéramos este documental porque había sido precisamente en San Antonio donde había comenzado la DINA, por lo que fue un punto neurálgico de lo que pasó finalmente el resto de los años de la dictadura. Entonces, como ya estaba la investigación hecha y los contactos, ya sabíamos más o menos con lo que nos íbamos a encontrar.

 

¿Qué significó para ustedes enterarse de esta mención honrosa?

Yo no caché nada en realidad. Yo justo llegué cuando las chicas estaban recibiendo el premio, porque había un taco y llegué tarde y estaban justo todos aplaudiendo. Iba con mi polola y le dije “son las chiquillas a las que están aplaudiendo”,  y eran las chiquillas y estaban justo recibiendo un cuadro. Yo no caché qué era y cuando nos sentamos me dicen que era la mención honrosa y cuando salimos me explicaron. Y fue extraño, porque yo no siento que audiovisualmente se mereciera un premio, porque uno lo ve y hay carencias, detalles, una es más obsesiva con eso. Pero, fue bacán que por el lado del Colegio de Periodistas dijeran: “fue una investigación que hicieron de la nada”. Y sí, salió todo de la motivación no más, ir a San Antonio unas seis o siete veces. Siento que refresca el por qué una entra a estudiar periodismo, una hace un montón de cosas gratuitamente por mostrarle a las personas, por compartir una visión, pero en algún momento piensa “pucha, a nadie le importa”, porque, por ejemplo, ese día cuando estábamos presentando acá el año pasado había compañeros que nos decían “pucha, que fome” y uno le pone caleta de corazón y color para que te digan “que fome, otra vez la dictadura”. Entonces, como que fue bacán que otros periodistas con mucha más carrera, mucha más experiencia, te digan “oye, sabes que es un trabajo que todavía suena y está bien”, más allá de que si había color o no en la imagen, o fallas en el sonido, que terminan siendo un detalle.

Tanto del proceso como del producto ¿Qué fue para ti lo más gratificante y lo más difícil?

Del proceso yo creo que lo que más nos costó fue llegar a Ana Becerra, que fue la persona que finalmente nos cuenta su historia. Por algo muy sencillo: porque creen que no somos nadie, solo éramos estudiantes como para ir y contarnos algo tan fuerte.  Llegar a ella, no sólo que nos recibiera en su casa, sino que tuviera la confianza, creo que eso fue lo más difícil y también lo más gratificante.

Y después de eso, (lo más difícil) es mostrarlo. Hace unos días estuve tomando once con un tío que me preguntó por qué recibí el premio y mi mamá le puso el video en Youtube, pero yo no sabía que este tío había sido también torturado y es muy difícil. Y bueno me ha pasado con otras personas también que quieren ver de qué se trata, es abrir muchas heridas. Entonces, llegar a esas personas, que lo vean, que te cuenten lo que les pasa, lo que les pasó, es súper difícil, pero, al final de la conversación es bacán saber que lo que nosotras hicimos significa para ellos una sanación, dolorosa, pero que es parte de una sanación. Entonces, igual creo que lo más difícil es lo más gratificante al mismo tiempo.

¿Cómo fue el proceso? ¿Cuánto se demoraron?

Fue súper complicado porque más encima teníamos que hacer el documental y otra entrega de Taller de Campo. Justamente era mi hermano el que estaba haciendo presentaciones en San Antonio, entonces yo iba con él y tomaba imágenes. Fui dos veces y después fuimos las tres. Y eso fue como lo más fácil. Yo era más la periodista, la María Paz era más como la productora que se encargó de ver los temas de permisos, que eso igual era bastante complejo. Y la Fernanda, editora, que fue finalmente lo más complejo, porque en un momento era tanto material, teníamos entrevistas de acá de la región, de personas que estaba protegiendo espacios de memoria, teníamos muchas historias, aparte de eso, de la Ana Becerra, nos habíamos conseguido a Javier Rebolledo, entonces, ahí la Fernanda fue bacán en haber dicho que teníamos que acotarlo, en decir “esto no va”,  “esto es repetitivo”, “esto ya es innecesario”, “esto es muy explícito” y eso fue como a tres semanas de entregar, porque yo iba recolectando todas las imágenes, la María Paz se iba encargando de que estuvieran todos los permisos, fijándose en que estuvieran bien todos los nombres, toda como esa parte de compaginación. En un momento era mucha cosa y tenían que ser 25 minutos y nosotras ya estábamos para los 40 minutos, así que imagínate.

En ese sentido, ¿qué crees que te aportó el Taller de Campo?

El Taller de Campo culmina una serie de ramos audiovisuales y de ahí, además de lo que nos enseñó la profesora María Eugenia, yo siento que también aprendí muchas cosas de los otros profes que antecedieron el curso: Claudio Mardones y Claudio Elórtegui, sobre todo de los tips de cómo poder entrar en confianza, de cómo saber entrar con una pregunta cuando es difícil, esos detalles que ellos te cuentan como anécdota, siento que de ahí saqué mucho provecho.

Hablábamos también con las chiquillas que el optativo de documental (El documental como documento, profesora María Eugenia Moreno) nos sirvió mucho para afinar la imagen, la fotografía, para desarrollar una narrativa no sólo en lo que se dice -que es algo mucho más del formato reportaje, decir “esta es la información”-  sino que ir dándole capas que también le den un poco de arte al documental.  Por ejemplo, no vamos a hablar sólo de “esta es la escuela en donde comenzó la historia de la tortura en Chile”, sino que también teníamos que decir que hay un entorno político, un entorno humano, hay algo que repercute hoy en día, que es la diferencia entre lo que te dice la historia y lo que nos llega como memoria, la sensibilidad. Entonces, creo que fue algo que nos fue aportando ese optativo y que, finalmente, en el Taller de Campo, claramente la profe nos apañó, nos llevó en su auto en algún momento, nos dio su versión, porque ella también compartía mucho en Santo Domingo, sabía de lo que pasaba, está muy involucrada con esos temas. Entonces, nos fue guiando y diciendo “no vayas por este lado, mejor entra por acá”. Ella nos dejó solas con Ana Becerra, pero Ana Becerra nunca nos hubiera recibido si no hubiera estado la profe.

Y ver harto material, eso ayuda. Una no lo toma tan en cuenta cuando te dicen que revises este documental o reportaje, al final eso ayuda mucho a agudizar el ojo y es lo que hace que una pieza, aunque sea una nota de noticias, sea bacán.

 

 

21 febrero, 2019

Comentarios

comments powered by Disqus