Matías Salinas, estudiante: Política, poesía y periodismo

Es difícil no reconocer a Matías en la Escuela, ya sea por su papel de cuenta cuentos o por su acordeón que ameniza más de una actividad en el Campus. Pero no es lo único por lo que se destaca, este alumno de cuarto año también tiene afición por la escritura, la que valora desde su dimensión política. Sus trayectorias también lo han llevado a participar en diferentes iniciativas que buscan apropiarse de espacios públicos excluyentes y cuestionar las nociones del periodismo tradicional.

Uno de sus últimos proyectos es la participación en el Laboratorio de Reescritura Territorial de Valparaíso en Balmaceda Arte Joven, corporación dedicada a la formación y fomento artístico. Como resultado de ese taller, a finales del 2018 se lanzó el libro Reescritura de Valparaíso, donde se publican los textos de los participantes, entre ellos,  Matías.

Tomando esa publicación como excusa, conversamos con él sobre su gusto por la escritura y la dimensión política e identitaria de la poesía y el periodismo.

 

¿Cómo empezó la escritura para ti?

Partió de chiquitito. Mi tía Pame me escribió mi primer diario de vida como a los tres años, cuando mi mamá se fue a hacer unos estudios allá en Estados Unidos. Después, a los cuatro, empecé a escribir mi propio diario. Son cosas que creo que se siguen replicando de alguna manera. Es impresionante poder leerlo y reírme, pensar que soy casi igual. Decía cosas como: “Hoy vi la primera película de mi vida, se llama La pérgola de las flores. Es en blanco y negro y me gusta mucho, porque tiene muchas flores”.

Esa película la vi con mi tía Maggie. Ella es fundamental en la escritura para mí. Cuando falleció se convirtió en una inspiración y referente constante de esta idea de escribir pensando en otros. De ahí uno de mis nombres, Cardo Mayi.

Escribir en mi caso va más allá de la estética, el ego o el goce, se trata de contextos políticos, resistencia, lucha y memoria. De gente que quiero caleta, y que espero que sea recordada, instalándola en el imaginario colectivo.

 

¿Sobre qué cosas te gusta escribir?

Escribo de la vida, no de flores ni arreboles, como diría la Rosa (Alcayaga). Tiene mucho de conversación,  de confesional me dijeron por ahí. Hablar de la vida sin tapujos, de cómo es. Yo no hablo de la cintura para abajo, yo hablo del pene, de la vagina y de lo que haya entre las piernas. No hablo de eufemismos, como quizá lo es ‘hacer el amor’; yo hablo de sexo. Con todo lo que eso implica, más que penetración.

Hay muchas historias que no son mías. O sea, hay muchas palabras, muchas formas de hablar que las escucho de personas que admiro o que me desagradan. Agradezco conocer gente desagradable porque me muestran maneras de hablar y de pensar que a mí no se me ocurrirían. Quizá los encuentro desagradables porque algo de mí habrá ahí también.

 

¿Qué propósito tiene la escritura y, en particular, la poesía?

El arte tiene que ver con la libertad de la persona que lo ejerce. En realidad, pueden hacer lo que quieran, me carga esa idea de llegar e imponer definiciones, verdades absolutas. Pero lo que a mí me gusta, me llena, es la escritura con sentido más político y además de la mano de personas que quiero y/o admiro. Por ejemplo, El transcidio de Lulú lo escribió la Lilit (Herrera), un libro fuerte que habla de la violencia heterosexual, de actos políticos de cuerpos maricas no hegemónicos. ¿Cómo pensarse? ¿Cómo dejar de idealizar ciertas corporalidades? ¿Cómo vivir en cuestionamiento constante? ¿Cómo enfrentar al mundo con su crudeza?

La primera gota de sangre de la Rosa (Alcayaga) es una selección de 21 poemas feministas suyos. Uno de mis favoritos es Mermelada de mora sin clavos. Trata de una madre que le escribe una carta a su hija que está haciendo estudios de género, tomando talleres. Ella lo entiende, pero no puede ejercerlo. Es difícil poder gritar, poder parar la bazooka de semen de su esposo, todas las noches que él se impone, a pesar de tener los conocimientos de la hija. De todos modos no deja de soñar con emanciparse.

El año pasado le compré a la Eli Neira su libro Hago el amor conmigo misma. Mi texto favorito es el poema Que no sea tan triste (De la serie, Pop Life, fragmentos fascinantes de vidas de mierda). La Eli tira el rollo desde las políticas del cuerpo, la autonomía del placer, la imperfección. También me gusta lo que escribe Edgar Solís, lo conocí este verano y lo entrevistamos con la Turquesa en un De maricas y señoras (programa radial), él también nos entrevistó porque es panelista de otro programa que se llama Nación Marica en Bolivia.

Todos esos textos están cargados de luchas, resistencias. Eso es lo que me gusta. Aunque leo otras cosas también. Na’ que ver, pero me carga esa pretensión de que debes que leer ciertas cosas para moverte en el mundo literario, o que tienes que leer libros para saber de la vida. Al final, se puede saber de la vida de un montón de formas.

 

Participas en De maricas y señoras ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Partió como un programa radial de entrevistas conducido por la Lilit (Herrera) y como que transmutó a una especie de café concert en el local Valparaíso Profundo. Después se volcó a las calles. Hacemos de todo: bailamos, una vez la Sofa dirigió una clase de acroyoga, vendemos rifas, nos hemos pegao sus performances. Podemos tirar el rollo, es bonito porque tiene una actitud coral, muchas voces que se cruzan.

La Lilit compartió la instancia, el poder tener voz pública. Eso es un acto político súper bacán y la admiro mucho por eso. Pasó de dirigir un programa a abrirlo a varies panelistas. Así se colectiviza un espacio de cuestionamientos, organizándonos en conjunto, estando cuando alguien no está, imaginando, creando, improvisando y concretando. Ahí la Turquesa, la Organa, la Lilit, la Animala Semiarida, la Furia del Nilo, yo y muches más nos hemos pegao el show. Es una manera distinta de hacer periodismo frente las lógicas tradicionales en Chile, que responden a una democracia representativa. Este es un tipo de periodismo que parte desde seres que estamos viviendo cosas, que pueden hablar de sí mismes y de sus subjetividades, dejando de responder a la premisa de la objetividad.

Turquesa Mentolada y Cardo Mayi. Foto: Gonzalo Olave

En los registros de video yo suelto la cámara, entonces están hechos por distintas manos. La cámara corre, son distintos puntos de vista grabados a pulso. El hacerlo así implica que de pronto la toma se esté moviendo o se pierdan cosas. Pero es más divertido.

 

No es perfecto…

Para nada. No lo es. Esa es la idea. Poder mirar de otras maneras. También hay compas que hacen registros fotográficos entendiendo que también es una manera de documentar la historia. La Gabi nos saca unas fotos terrible de buenas. También estamos trabajando desde ValpoTrans No Binario con la Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso, donde incursionaremos en la archivística.

 

¿Cuál es el aporte de estas maneras de hacer periodismo?

Lo primero es darse la pega de decir que son periodismo y porqué lo son. Conversábamos con el profesor Araya sobre si lo que hacíamos era periodismo o arte. Una manera en que se entiende el arte, según él dice,  es expresar por expresar, y no, no nos estamos expresando porque sí. Vivimos violencia sistemática todos los días. Violentamos también. Nadie está exento de violentar a otros, de imponerse, porque así lo hemos aprendido, está normalizado.

La gente te dice “Ay, pero si todos los hermanos pelean”. Y yo he tenido peleas con mi hermano también y me entristecen porque digo “es repetir el camino del maltrato sistemático como el que tuvo mi papá por su padre”. Y después llega a él y a nosotros, y hay que cortar el círculo.

Lo primero es hacerse consciente y luego hacerse cargo. Hablarlo. Eso es lo bacán de De maricas y señoras. Con las cabras nos reímos, jugamos con la crítica y la ironía al punto de sentir que alguien nos puede mandar a la chuña en cualquier momento. Sabemos que no somos perfectas, intachables, ni ahí con la superioridad moral. Voy a hablar por mí: también las cago, pero estoy haciendo todos los esfuerzos por hacerme cargo.

Nos gusta el palabreo y desde la confianza que hemos generado puedo decir “esto sí es periodismo” porque nos estamos levantando, mostrando, con motivos claves para abrir mentes, para romper con estructuras impuestas y autoimpuestas. Porque las palabras, lo que hacemos, lo que decimos, tiene que ver con ideas humanas. No es natural, no es inocente tampoco, sino que son nuestras maneras de clasificar, denominar -de ver qué es aceptable y que no- y de cuestionar esas estructuras, las que generan realidades posibles de las que tenemos que hacernos responsables.

Cada vez menos personas leen los diarios. Pensar que se pueden entender tantas otras cosas como periodismo. La poesía crónica, por ejemplo, la lira popular, canciones, videos. No ejercemos el periodismo de la Modernidad, que tiene esta cosa civilizatoria donde los que tienen ‘la razón’ educan a los que no. Tenemos dudas, situaciones incómodas, no verdades. No estamos ni ahí con la consigna asistencialista de “darle voz a los que no tienen voz”. Aquí quien quiere se expresa, esa es la gracia de tomarse el espacio público y chantarse en la plaza y las calles. Y como maricas insistimos en que existimos, podemos defendernos, tenemos dolor, rabia por nuestras compañeras caídas, por los crímenes de odio, por las agresiones hacia cuerpos disidentes, pero también estamos llenas de alegría y amor. Nos estamos apañando y esta es una forma de alzar nuestras voces.

 

Vinculación con el Medio – Periodismo PUCV

 

Foto: Felipe Rubio, Balmaceda Arte Joven

28 marzo, 2019

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