Intercambio estudiantil: “The high point of my life”

Por Tomás Aliaga Ibarra

 

La verdad es que no son muchas las personas con las que me he sentado a conversar en profundidad sobre mi intercambio. Obviamente lo he hablado con mis amigos y cercanos, quienes me preguntan qué tal estuvo mi experiencia, cómo lo pasé, qué fue lo que más me gustó. Las típicas interrogantes que se le hacen a alguien tras un viaje. A todos les cuento anécdotas, historias y situaciones que viví allá. Viajes, risas, y espectaculares momentos. Con familiares es lo mismo, siempre me hacen una que otra pregunta y les comento algo del tema. Pero la verdad, mientras escribo esto me doy cuenta que nunca le he contado a nadie cuánto aprendí, cuánto crecí en mi semestre de intercambio en Estados Unidos y cómo este me cambió la vida.

El viaje de ida fue larguísimo. Eterno. Era mitad de agosto del 2018 y me despedía de mi familia en el aeropuerto de Santiago. Recuerdo que más que triste o nervioso me sentía feliz. No podía creer que al fin había llegado el momento de comenzar con esta aventura con la que tanto había fantaseado. El primer avión aterrizó en Lima, el segundo en El Salvador, el tercero en New York City, el cuarto en Detroit y finalmente el quinto -sí, el quinto- por fin desciende en el Aeropuerto de la ciudad de Greensboro en Carolina del Norte, estado que sería mi hogar por los siguientes cinco meses.

Tan pronto como descendí del avión pude sentir el impacto del cambio de estación, pues venía de un frío invierno a un calurosísimo verano. Momentos después de arribar, me encuentro con gente de High Point University (HPU), quienes me estaban esperando. Me dan la bienvenida al país, me entregan una serie de papeles y tras los saludos y preguntas correspondientes me indican qué van debo tomar para dirigirme al hotel donde pasaría mi primera noche antes de llegar a la universidad.

Llegué al hotel y pese al cansancio de un tan agotador vuelo lo primero que hice luego de dejar las maletas en mi habitación fue salir a recorrer la ciudad. Comí y luego de eso decidí ir a comprar una GoPro. Gracias a esa camarita tengo incontables videos y fotos de mi intercambio. Fue lejos una de las mejores compras que pude haber hecho.

La mañana siguiente todo comenzó muy temprano. Ducha, desayuno, recoger las maletas y esperar por el transporte que vendría por nosotros para llevarnos a la universidad (que quedaba como a unos veinte minutos desde el hotel). Ya no daba más de entusiasmo y alegría. Nos subimos al bus y partimos. Ahora sí que empieza lo bueno.

Al llegar a High Point University simplemente no podía creer lo que veía. Pensaba que estaba soñando. Sencillamente me quedé sin palabras.  Todo era demasiado espectacular, tal como en las películas y mil veces mejor. Ni en mis mejores fantasías me había imaginado lo esplendido que era HPU. Similar a un hotel de lujo, gigante, hermoso, diverso, moderno. Estar ahí era un sueño.

Tomás en “el lugar más feliz del mundo”

Con el correr de los días, me fui acostumbrando rápidamente a vivir en “el lugar más feliz del mundo” como le llamábamos a HPU. Me fui haciendo amigos de muchos países del mundo y mis más cercanos fueron (merecen ser nombrados, pues a estas alturas los considero mi familia) Isabelle de Austria, Pablo de España, Michael de Estados Unidos y Francesco, Chiara y Francesca, los tres últimos de Italia.

Pasaban los meses y yo cada día me seguía sintiendo como dentro de un sueño. Recuerdo que cada mañana me levantaba con una felicidad inmensa por estar en un lugar tan espectacular como HPU. Esa felicidad se transformó en un constante sentimiento positivo y eso en mi forma de ser. Me sentía tan infinitamente agradecido por estar allí que mi más pura esencia afloraba día a día y mis amigos siempre me decían que les gustaba esa forma mía de ser.

Hay algo que aún no menciono y es que el “slogan” de HPU es “Be Extraordinary”. Sé extraordinario. Esta frase se aplicaba en todo ámbito de cosas, todos los días. Para la gente de HPU es como una especie de forma de vida y a mí me pareció genial. En todo orden de cosas en la universidad te instan a que saques lo mejor de ti, a que te des cuenta de lo espectacular que eres y de las increíbles cosas que puedes llegar a hacer. Incluso en las paredes y murales se encontraba inscrita esta frase. ¿Cómo no iba a estar feliz y motivado en un ambiente así?

Ese pensamiento de ser extraordinario y de sacar siempre lo mejor de mí es algo que siento que me hizo crecer mucho como persona. Pues se me metió en la cabeza  y ya es algo en lo que creo firmemente.

Amigos de Tomás, de izquierda a derecha: Pablo Rufo de España y Francesco Monisteri de Italia. Tomás en el extremo derecho de la foto.

A mediados de octubre y tras muchísimas aventuras y buenos momentos llegó el tan esperado “Fall Break” que es una semana de vacaciones. Con mis amigos viajamos a Los Ángeles, California, lugar que desde que yo era un niño siempre quise visitar. Allí tuve la oportunidad de conocer Venice Beach, Santa Mónica, Malibu, Hollywood, Beverly Hills, entre otros. Es decir ¡estaba cumpliendo un sueño más!

Ya de vuelta en HPU, las vivencias continuaron: fraternidades, Halloween, huracanes, conciertos, paseos, día de Acción de Gracias, Black Friday y muchísimas cosas más que dan para escribir un libro. Obviamente siempre estudiando y siendo responsable con lo académico.

A mitad de diciembre, una vez finalizadas las clases -y con mucho llanto de por medio- tuve que partir de HPU. Me costó mucho despedirme de mis amigos y de esa parte tan bonita de mi vida, pero lo que me daba tranquilidad era la alegría por todos los esplendidos momentos vividos y  todo el conocimiento nuevo adquirido.

Además, después de irme de HPU, me fui a New York City, donde me reuní con mis compañeros Catalina Pereira e Ignacio Molina, quienes también se encontraban de intercambio en Estados Unidos. Mi amigo italiano Francesco se nos sumó, por lo cual, pese a que ya estaba con chilenos, tuve que seguir hablando inglés –lo cual me encantaba- para comunicarme con mi amigo. Días antes de navidad volvimos a Chile. De vuelta a la realidad, pero ya no siendo el mismo. Ahora siendo extraordinario.

 

Dentro de las cosas que más valoro de mi intercambio:

-El hecho de que tuve que hablar inglés desde que llegué, hasta que me vine, 24/7. Esto me permitió mejorar muchísimo mi nivel en el idioma.

-Conocí gente de países que jamás pensé conocería a alguien, como Japón, Bélgica, Dinamarca, Líbano, Palestina, Arabia Saudita, Francia, Holanda, entre otros.

-Compartí con culturas, religiones y creencias totalmente diferentes a lo que estaba acostumbrado, lo que me permitió abrir los ojos y aprender muchísimas cosas.

24 abril, 2019

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