Intercambio estudiantil: “Una vida en seis meses”

Por Monserrat Inés Manríquez Conejeros

 

Partí de Chile un 5 de septiembre, estaba emocionada y feliz de irme. El vuelo a España fue largo, tres aviones distintos y dos escalas en Estados Unidos. Del aeropuerto tomé el metro a la estación de trenes de Atocha y de allí me iba a Cuenca.

El 7 de septiembre llegué a mi nuevo hogar, un lugar donde tendría una vida nueva durante los próximos seis meses. Lo bueno de viajar solo es que uno se encuentra más abierto a la posibilidad de conocer más gente porque no te encuentras encerrado con tu círculo de amigos y amigas de tu país de origen. Allí yo vivía con una colombiana y dos argentinos, y para nuestra suerte todos estudiábamos la misma área: comunicaciones.

Cuenca es pueblo muy pequeño en algún lugar de la región de Castilla La Mancha, famoso por Don Quijote y sus molinos. Cuando se habla de España, nadie lo conoce, pero es un lugar que vale la pena visitar. Al caminar por el casco antiguo de la ciudad uno se tele transporta a un mundo medieval y mágico, con casas colgadas, un río de un color increíble y naturaleza a donde mires. Cuenca es el lugar favorito de los madrileños para escaparse un fin de semana.

No fue difícil hacer nuevos amigos porque mi nueva casa de estudios se preocupaba mucho por los estudiantes de intercambio, o Erasmus, como les llaman allá en Europa, siempre nos hacían actividades como karaoke, noche de comida internacional e incluso viajes a otros lugares de España.

El primer viaje que se organizó fue a Valencia a fines de septiembre y fue ahí donde formé mi grupo de amigas que me acompañarían en todas mis aventuras y fiestas durante mi intercambio. Eramos un grupo unido, conformado por muchos países: México, Colombia, Bélgica, Francia, Alemania, Argentina, y por supuesto, Chile. Es totalmente cierto lo que dicen de nosotros, estamos en todas partes, allí conocí a dos chilenas que eran de Temuco. El calor del verano aún no se iba en esas fechas, así que tuve la suerte de poder bañarme en el mar Mediterráneo y conocer el acuario más grande de toda España, el Oceanogràfic, donde caminé bajo tiburones y quedé encantada con las belugas.

Después de ese primer viaje, no paré. Cada fin de semana por medio trataba de darme una pequeña escapada a diferentes lugares de España, mi plan era viajar dentro del país durante el semestre y conocer lo más que podía y luego en enero y febrero conocer el resto del continente.

Madrid lo visité varias veces, y fui a los famosos museos Del Prado y el Reina Sofía, su bello y gigante Parque del Retiro, lugar perfecto para hacer un picnic, la Plaza Mayor y Puerta del Sol. Luego viajé a Salamanca, ciudad conocida por tener una de las universidades más antiguas del mundo, una imponente catedral y que todo sea del mismo color. Fue interesante conocerla, pero no fue mi ciudad favorita de España, honestamente esperaba más de este antiguo y conocido lugar. Todos estos viajes habían sido de unos tres días, ya que eran ciudades pequeñas y no requerían tanto tiempo para llegar a conocerlas.

Mi próxima parada fue en Cataluña, fui a Girona porque tenía unos conocidos que se encontraban allí. Me fui por una semana, aprovechando el feriado de Halloween. Mientras me encontraba allí viaje a Banyoles, un pequeño pueblo con un lago precioso y un clima perfecto para un día otoñal, y a Barcelona. Este último fue mi lugar favorito de todo el país, era una gran ciudad, donde se combinaba lo antiguo y lo moderno a la perfección, acompañado con la bella arquitectura del famoso Gaudí. Mientras me encontraba recorriendo las calles pensé que si llegase a vivir en Europa nuevamente, Barcelona estaría definitivamente en mis opciones. Esta ciudad también me marcó porque viajé completamente sola, pensé que tendría miedo o que me aburriría, pero me di cuenta que la mejor compañía que podía tener para ese viaje era yo misma.

Viaje de los estudiantes de intercambio de la Universidad de Castilla la Mancha a Toledo. “Éramos más de 400 contando todas las sedes que tiene esta universidad en la región de La Mancha”.

Toledo lo recuerdo por lo bien que lo pasé con mis amigas y amigos, paseamos todos juntos y tomamos muchas fotografías, hacía frío, pero el clima no era un impedimento para conocer un lugar nuevo. Antes de las fiestas de fin de año decidí hacer un viaje a tierras andaluzas. Era el turno de conocer Granada y Sevilla. Ciudades con gran influencia hispano-musulmana. La Alhambra me dejó sin palabras y lo literal que era todo en Granada, muchas cosas tenían forma de esta fruta: fuentes, carteles, postes. Era gracioso, pero interesante ver como hacían tanta publicidad del nombre. En Sevilla me encantó la Plaza España, todas las ciudades de España tienen una plaza con este nombre, excepto en Cataluña en donde se les llama Plaza Cataluña.

Ya había visitado muchos lugares de España y ya era hora de irme a conocer otras tierras. Aprovechando las fiestas de navidad y año nuevo, tuve la maravillosa oportunidad de viajar a unas tierras muy lejanas y desconocida para muchos, viaje a la isla más grande de todo el mundo, Australia. Ese vuelo fue eterno, con una escala de dos horas en Corea del Sur, país y cultura que me fascina. Cuando llegué a Sydney me junté con mis padres y hermanos, y disfruté un poco del abrumador verano australiano. Luego de dos semanas me di cuenta que ya era hora de volver al viejo continente, pero no estaba triste, más bien emocionada por el nuevo viaje que me tocaba emprender. El vuelo de regreso fue más divertido porque tuve la suerte de tener 20 horas para pasear por Seúl, allí me junté con una amiga y sin importar el frío, me sentía plena, como nunca antes en mi vida.

En Sydney, Australia con la Opera House atrás

Durante enero son los exámenes del fin de semestre, estos son obligatorios, no como en Chile, y casi toda la nota del semestre se juega en esta gran prueba. Sinceramente pensaba que la universidad me consumiría mucho tiempo, pero no fue así, todo era más relajado. Antes de las fiestas, conversé con mis profesores y varios me dieron la opción de no dar examen, adelantarlo o hacer un trabajo aparte, es por eso que no tuve la necesidad de ir a la universidad. Solo me tocaba viajar y terminar mis trabajos en el plazo estimado.

Ya era hora de mi eurotrip y partí con una mochila de campamento, recordándome a mis tiempos scout cuando iba en el colegio. Viajé con una amiga de México a Viena, Austria. Allí visitamos muchos lugares icónicos y me sentí feliz de visitar el país y hogar de personajes muy famosos como la emperatriz Sissy, el famoso músico Mozart y el pintor Klimt. Visitamos museos y caminamos mucho, más de lo que creía.

Dejamos Viena atrás y tomamos un bus hacía Venecia, Italia. Ciudad con muchos canales, aire de festival y góndolas. Me enamoré apenas mis pies tocaron esos suelos. Luego fui a Milán y sin darme cuenta ya era momento de despedirme de Italia, pero sabía que pronto iba a volver.

Enero fue una locura total, visité 5 países y numerosas ciudades. Después de despedir a mi amiga de México fui a Alemania a juntarme con mi nueva compañera de viaje, una chilena. Berlín era una ciudad fría y con heridas de guerra en cada cuadra que recorrías. Amsterdam era bello durante el día, pero al segundo de esconderse el sol, este se transformaba, era una locura, descontrol de drogas, los sex y coffee shop en todas las cuadras y sin mencionar el famoso barrio rojo. En Bélgica visité varias ciudades, la primera fue Bruselas que tenía muchas cosas para comer, papas fritas, chocolates, waffles y cientos de sabores de cerveza. Luego me dirigí a Brujas, era mágico, lleno de encanto, con casas típicas de colores ubicadas en la plaza Grote Markt. Gante era interesante también, pero rápida de ver. Y Amberes tiene una de las estaciones de trenes más lindas de toda Europa y una clásica estatua de un hombre lanzando una mano de un gigante que atacaba esa ciudad hace miles de años atrás.

Siguiendo con el eurotrip me fui a una de las ciudades que más ansiaba conocer: París. Estaba emocionada y ansiosa de ver la Torre Eiffel, uno la ha visto cientos de veces en fotos, videos, películas, cortinas, lo que uno se le ocurra. Una ciudad romántica y con cientos de lugares históricos. Hacía mucho frío y visité los lugares más icónicos y museos también, creo que es infaltable visitar museos cada vez que visito un país, me gusta el arte, sé mucho de pintores, así que ver sus obras en persona me produce una satisfacción enorme. Fui a Disney París también, allí me sentí como una niña nuevamente y al ver el show de fuegos artificiales quería llorar de felicidad por todo lo bueno que estaba ocurriendo en mi vida. Cumplí mis 21 años en esa ciudad, no tuve una torta en donde soplar, ni velas, ni regalos, pero estar al otro lado del mundo con mis nuevas amigas era suficiente para tener la mejor celebración que he tenido hasta ahora.

Ya casi finalizando, volví a Italia, esta vez fui a Florencia y Roma. Ambas me dejaron sin aliento y fascinadas, no obstante, París siempre será mi lugar favorito. Al terminar el viaje volví a España a despedirme de Cuenca y de mis amigas. Ese momento fue triste porque uno nunca sabe si volverá a ver esas amistades nuevamente. Todos los recuerdos y experiencias que vivimos fueron únicas y nos acompañábamos mutuamente en nuestra vida de intercambio.

Fui a Girona nuevamente a dejar mis cosas y partí sola a Finlandia por 2 semanas, ya que el año 2014 me había ido de intercambio por un semestre. Fui a visitar a mi familia anfitriona y amigos. Fue divertido y me resultó muy corto el tiempo en esas tierras tan frías.

Sin darme cuenta ya era fines de febrero y hora de volver a casa. Tenía sentimientos encontrados al momento de subirme al avión. Estaba feliz por volver, pero al mismo tiempo sabía que mi intercambio había llegado a su fin, no todo dura para siempre y hay que estar dispuesto a seguir adelante. Este viaje me ayudó para crecer mucho, madurar y tener amigos de muchos lugares diferentes. Ahora ya no tengo un solo hogar, mi corazón está en cada ciudad que visité y en cada amistad que hice, siento que estos meses no son un desperdicio, sino una gran ventaja. Sigo con más ansias de conocer cada rincón de la Tierra y ver que misterios esconde para mí. Pues como dicen no son seis meses de una vida, sino que una vida en seis meses.

 

Foto principal: En París con amigas chilenas (al centro). “Estábamos felices de estar juntas en un lugar tan hermoso”.

24 abril, 2019

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