Intercambio: Mi universo paralelo

Por Antonieta Sanaguas

Un cúmulo de experiencias, cuando me preguntan por mi intercambio nunca se por dónde comenzar, se me vienen a la mente tantas vivencias, personas y emociones. Es un recorrido que cada uno realiza a su manera, y en mi caso no fue solo un viaje físico, sino también interior.

Suena cliché ahora que lo escribo, como si fuese necesario irse a miles de kilómetros del hogar para experimentarlo. No, no lo es, pero en mi caso la lejanía de casa, mi familia y algunos de mis amigos más cercanos, me permitió observar y mirarme desde otra perspectiva en relación a un quién soy y lo que aspiro a ser.

Aunque no estuve del todo sola, me fui con dos de mis mejores amigas y una tercera que se volvió muy importante durante el intercambio. No podría haber tenido mejor suerte que estar con ellas, creamos un vínculo tan hermoso de hermandad que es algo que nos unirá eternamente.

Italia nos unió de manera infinita a Camila, Montserrat, Javiera y a mí. Aunque no se alcanza a ver la Fontana a nuestras espaldas, nos dedicamos a reír y gozar de este país.

El comienzo de todo…

Partimos esta travesía el 25 de enero, rumbo a Panamá y con ocho horas de espera para nuestro siguiente vuelo a Toronto. La sensación que sentí al llegar a ese país, es indescriptible. Era la primera vez que salía al extranjero, así que tenía una mezcla de emociones, entre ellas mucha ansiedad.

Bueno, el vuelo, en general, fue un fantástico desastre, perdimos un pasaje -no por nuestra culpa- y al final en vez de tener dos escalas, rematamos con una tercera en Londres y 36 horas de cansancio antes de llegar a Madrid -y ese ni siquiera era nuestro destino final-. Pero, al cabo sabíamos que en un futuro nos íbamos a reír de todo lo que nos pasó en el trayecto, así que cada problemita que se nos presentó lo tomamos como parte de esta experiencia.

Fue un alivio cuando llegamos a Salamanca, ya podíamos descansar un poco más y estar tranquilas de que al menos de ahí no nos íbamos a mover en 6 meses, aun cuando todavía nos faltaba buscar un alojamiento permanente. Y después de casi una semana en un airbnb al fin nos mudamos a lo que iba a ser nuestro hogar. Un departamento -o piso como lo llaman allá- para nosotras cuatro, donde la ubicación fue lo mejor, podíamos ir a todas partes caminando.

Al principio es todo muy extraño, el choque cultural que, aunque no fue tan impactante, sí estuvo presente. Es algo sobre lo que te hablan antes de irte a cualquier país, pero no te das cuenta hasta que estás allí y ves las diferencias entre esa cultura y la tuya. En general, más allá de la universidad, no nos relacionamos con españoles. Aunque tuve la oportunidad de conocer a unos cuantos, pero fuera de las aulas de clases.

Eso es lo bueno de Salamanca, es tan diversas y pequeña que te permite desenvolverte más fácil en un entorno donde conviven adultos mayores y jóvenes universitarios de distintas nacionalidades. La ciudad tiene una población itinerante, hay muchos erasmus y lugares donde estos concurren más habitualmente. Un ejemplo de esto es el bar Paniagua, que al final se convirtió en el sitio de vida social de los que estábamos de intercambio.

Mención honorífica a cada una de estas personas, porque además de ser compatriotas nos une una experiencia, amistad y por supuesto mucha fiesta en Paniagua.

Ahí conocimos a mucha gente, con algunos aún tenemos contacto y por supuesto mucho cariño. Paniagua es un lugar al que se le recuerda con nostalgia, yo sinceramente esperaba con ansias a que llegara el jueves para poder ir de fiesta con mis amigos. Era el corazón de los erasmus (estudiantes de intercambio), el local está lleno de fotos de universitarios en el primer piso, y en el segundo hay grafitis, frases y nombres, un espacio donde podías dejar tu marca.

Vivíamos el día…

Un semestre se pasa volando, ni siquiera nos dimos cuenta y ya teníamos que regresar. El intercambio ha sido por lejos la mejor decisión que he tomado en mi vida, y las personas que conocí en el entre tanto jamás las voy a olvidar. Creo que el poder formar vínculos con gente de otras nacionalidades te abre la mente y la forma de ver el mundo.

Rescato mucho mi viaje a Portugal, donde tuve la oportunidad de compartir -dentro del hostal donde me quedé- con dos chicos italianos que hicieron de mi travesía por Lisboa en solitario, una experiencia genial. Amigos con los que pude reencontrarme en un par de semanas cuando decidí visitar su país. Aunque debo decir, que me hubiese gustado tener más tiempo con ellos. Espero volver a verlos, ojalá más pronto de lo que creo.

Con Romeo y Andrea, dos chicos que hicieron de mi viaje en Lisboa el mejor de todos. Esta selfie fue tomada en una de las tantas plazas de la capital de Portugal.

Una aventura se puede emprender solo o con amigos, pero lo más lindo es gozar de cada momento y no dejarse caer por los problemas que puedan surgir en el camino. Nosotras vivíamos el día, nos dedicamos a disfrutar.

Pie de foto imagen principal: Este fue el penúltimo día en Salamanca antes de comenzar el eurotrip, estaba nublado pero la ciudad parecía más dorada que nunca y la Plaza Mayor no podría estar más bella.

Antonieta Sanaguas cursó un semestre de intercambio en la Universidad Pontifica de Salamanca, España.

Información sobre intercambio estudiantil en la PUCV

3 octubre, 2019

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