15 de April 2026 Internacionalización

Martina Jiménez: la experiencia de una voluntaria CUVIC de intercambio en Europa

La estudiante de cuarto año, realizó su intercambio en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), instancia que le permitió ampliar sus conocimientos de personas, lugares, costumbres y, además, mejorar sus habilidades de autonomía y adaptación.

El intercambio académico es una gran oportunidad en la formación académica, ya que permite a los y las estudiantes enfrentarse a nuevos contextos culturales, académicos y personales, expandiendo su visión de mundo.

Por este motivo, conversamos con Martina Jiménez, estudiante de cuarto año y voluntaria CUVIC, quien realizó una pasantía en Europa el semestre pasado. En la entrevista, marcó el proceso de independencia y adaptación a nuevos lugares.

¿Dónde realizaste tu intercambio y qué fue lo que más te llamó la atención de esa experiencia?

Realicé mi intercambio en Salamanca, España. Desde muy chica siempre me imaginé viviendo una experiencia así; irme de intercambio era un sueño de toda la vida. Me motivaba mucho la idea de viajar, conocer distintas culturas y, sobre todo, conectar con personas de diferentes partes del mundo.

También elegí Salamanca porque me gusta mucho España y su forma de vida: la comida, el ritmo más pausado en comparación a Chile. Además, había visto experiencias de otros compañeros que habían estado en la misma ciudad, y eso terminó de convencerme. Es un lugar realmente hermoso, con mucha historia, pero también muy universitario, lo que hace que sea fácil sentirse parte de algo.

Creo que lo que más me llamó la atención fue eso: que, aunque uno llega sin conocer a nadie y con cero certezas, igual termina encontrando personas que te marcan mucho. En un lugar tan lejano, con tantas nacionalidades y realidades distintas, era muy probable cruzarte con gente que te hiciera cambiar la forma de ver las cosas o incluso cómo quieres vivir tu vida. Y eso me pasó; conocí personas que de verdad me hicieron replantearme muchas cosas.

Martina Jiménez en Roma, Italia.

¿Cómo fue para ti el proceso de adaptación a un nuevo lugar?

Fue difícil al principio, mucho más de lo que esperaba. Recuerdo que los primeros días lloraba cada vez que hablaba con mi mamá, porque sentía mucho la distancia con mi familia y con todo lo que me era familiar. Estar en un país distinto, con otras costumbres, otro horario y otra forma de relacionarse, fue un choque importante.

Pero con el tiempo empecé a adaptarme. Fui encontrando mi lugar, conociendo gente, y eso hizo que todo se volviera más llevadero. De hecho, llegó un punto en que ya no me quería devolver, y considero que eso es lo más lindo de este tipo de experiencias: aprender a adaptarte, a ceder, a abrirte a lo nuevo y salir de tu zona de confort.

Sin duda, me encantaría volver a España en algún momento, incluso a seguir estudiando.

¿Qué aprendizaje o experiencia te marcó más durante esta etapa?

Uno de los aprendizajes más importantes fue aprender a ser completamente independiente y confiar en mis propias capacidades. Antes de irme, por ejemplo, no sabía cocinar casi nada; mis primeras semanas eran sobrevivir a base de arroz y fideos. Pero con el tiempo fui aprendiendo de todo: a organizarme, a cocinar, a manejar mi plata y resolver problemas sola.

Pero no fue solo en ese sentido más práctico. También hubo un cambio muy importante en lo personal. En Chile, yo ya tenía mi grupo de amigas de toda la vida, entonces no necesitaba salir mucho de esa zona cómoda. En cambio, estando tan lejos, me vi obligada a socializar y a abrirme a conocer gente desde cero. Y eso, aunque al principio cuesta, termina siendo lo más lindo.

Gracias a eso conocí a personas increíbles, de distintos países, con historias muy distintas a la mía, y formé vínculos que no habría hecho de otra forma.

¿Hubo algo que aprendiste en CUVIC que te haya servido especialmente durante esta experiencia?

Sí, definitivamente. Siento que mi formación en CUVIC me dio herramientas muy importantes para desenvolverme en un entorno completamente nuevo. Desde el primer año de la carrera, siempre tuve la sensación de que estar en este colectivo me iba a dar una ventaja frente a otros compañeros, porque se aprenden cosas que van más allá de lo académico.

Por ejemplo, el hecho de aprender a comunicarme mejor, a relacionarme con personas distintas, a tener iniciativa y a adaptarme a distintos contextos fueron habilidades clave durante el intercambio. También el entusiasmo por compartir mi propia cultura y, al mismo tiempo, estar constantemente aprendiendo de los demás.

Creo que CUVIC no solo me ayudó en lo profesional, sino también en lo personal, preparándome para enfrentar experiencias como esta con más seguridad y apertura.