Entrevista a Jorge Saavedra, ex alumno y profesor en la Universidad de Cambridge: Los medios y el estallido social

Las manifestaciones enmarcadas en la revuelta popular que vio Chile en octubre del año pasado marcó un antes y un después en lo que nuestra sociedad está dispuesta a aceptar de la clase política y abrió la puerta a un Plebiscito para una posible nueva constitución.

 

Este tipo de expresiones sociales forman parte del campo de estudio de Jorge Saavedra, destacado ex alumno de nuestra Escuela, quien participó en el ciclo de conversatorios “25 años de Periodismo PUCV: pensando la comunicación y el periodismo en tiempos de crisis”. En aquella oportunidad, fue parte del panel “Desafíos para la investigación en Comunicación”.

 

Actualmente, es profesor afiliado del Departamento de Sociología de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Entre sus publicaciones, se destaca el libro “The Media Commons and Social Movements, Grassroots Mediations Against Neoliberal Politics” (Routledge, 2019) y la reciente publicación del artículo “Subversive communication against neoliberalism” (2020), publicado en la revista Popular Communication.

 

Movimientos sociales

En sus investigaciones y publicaciones, Jorge Saavedra aborda el estudio de lo medial y comunicacional desde el quehacer político no institucional, además de la relación entre mediación, participación y democracia; y las disputas contrahegemónicas de la cultura en Chile y América Latina. En esa línea, relató su mirada en cuanto a las revueltas populares que surgieron en Chile durante el año pasado.

 

¿Cuál fue la percepción en el extranjero del estallido social en Chile?

La percepción, desde mi mirada viviendo en Reino Unido, es de cierta perplejidad y cierta sincronía. Perplejidad, porque si uno mira lo que escribió The Guardian o la BBC, en Inglaterra; la Deutsche Welle, en Alemania; Al Jazeera, con su alcance desde Qatar hasta Estados Unidos; medios de India, finlandeses, o canales que alcanzan a toda la Comunidad Europea, la primera percepción es la de que algo no calzaba del todo. Y eso se transformó en pregunta: por qué Chile, ese país que se suponía una especie de ejemplo de cierta tranquilidad en América Latina, explotaba de tal manera. Lo interesante es que la respuesta fue muy similar y transversal: la de una democracia cuestionada, con una desigualdad altísima, con escándalos de corrupción, donde los derechos de las personas no están resguardados y donde, a pesar de los años, una élite gobernante no se puede deshacer de la herencia dictatorial en su forma de vincular ciudadanía con Estado, menos aún teniendo en sus altas esferas a personas que fueron directas colaboradoras de la dictadura.

 

Y respecto a la sincronía, el estallido social se dio a la vez que ocurrían otros alzamientos en contra del neoliberalismo, corrupción y/o por mayor democracia y autodeterminación de los pueblos, como en el caso de Ecuador, Hong Kong y El Líbano, que vivían su propio estallido social exactamente al mismo momento que Chile. Entonces, la mirada sobre Chile si bien tuvo un interés específico, por tener esta relación de democracia de baja intensidad aparejada con un neoliberalismo extremo, derivado de una dictadura aún presente, tenía a la vez un elemento global. Y ese elemento, sin dudas, puso a Chile en la esfera global. En la esfera de países donde su ciudadanía pide democracia, menos abuso y donde es brutalmente reprimida por ello.

 

El rol de los medios

 

¿Cómo es la cobertura mediática frente a este tema en Reino Unido en comparación a la que vemos en Chile?

Hay una primera reacción que es del tipo ‘mira lo que pasa allá, mira ese problema de allá, qué terrible lo que pasa allá’, con un tono de sorpresa, con un tono condenatorio y un tono aleccionador. Yo diría que esto tiene que ver con el rol de los medios en la sociedad, desde siempre, de ser un ‘faro de luz’, ‘contar la verdad’, representar a una comunidad, etc. El trabajo de los medios de prensa siempre ha construido un nosotros (a quien le habla el medio, sus lectores, la comunidad a la que pertenece) que lo hace en buena medida a partir de la figuración de lo otro.

 

Ahora, respecto al caso chileno, mi impresión es que la cobertura medial del estallido de octubre ocupó en primera instancia una figura muy similar. Las primeras horas y días desde que comenzaron las movilizaciones, era una práctica habitual que el ´en vivo´ en las calles tuviera a un periodista acercándose a personas para hacerle una pregunta más o menos así: ´bueno, señora X, ¿cuánto tiempo lleva usted esperando locomoción colectiva, qué le parece que estén las calles cortadas y que finalmente usted no pueda llegar a su trabajo, no sólo gastando dinero sino que tampoco pudiendo llevar el sustento a su casa?´ La pregunta, con una clara intencionalidad, estaba en línea con la manera en que los medios de comunicación han enmarcado la protesta social por décadas y, a través de ese marco, definir a la protesta como algo nocivo para el bienestar colectivo.

 

¿Qué desafíos tienen los medios chilenos en cuanto a la cobertura de estos temas?

Un primer desafío lo llamaría, del posicionamiento. En la teoría liberal de los medios, estos cumplen el papel de vínculo entre representantes políticos y representados, entre Estado y pueblo, ejerciendo un rol crítico hacia el Estado, brindando acceso a la ciudadanía a las materias de Estado y permitiendo una suerte de expresión a la gente en los respectivos medios. Este ideal, tan simple y concreto, flaquea en Chile y en América Latina, producto de su dependencia del capital.  Un ejemplo vergonzoso, para los medios, es que la fuente noticiosa más relevante en estos meses de pandemia ha sido la periodista Alejandra Matus. Desde su cuenta en Twitter y desde Estados Unidos, ella ha hecho un periodismo que ha puesto en tela de juicio al poder y ha dado acceso a la ciudadanía a materias críticas en el actuar del gobierno y empresas. Ella ha hecho el trabajo que, salvo la honrosa excepción de Ciper y en alguna medida de Interferencia, debería hacer ese periodismo liberal, cuestionador, informado y responsable.

 

Un segundo desafío es que puedan evitar lastimar la dignidad humana y que tengan un trato equitativo en sus coberturas y programaciones. Con esto me refiero a medios de comunicación de gran alcance. Mira lo que pasó con los casos de Coronavirus que se habrían detectado en sectores de Santiago donde vivían migrantes. ¿Cómo fue el tratamiento noticioso allí? Lo que ocurrió allí fue una manifestación de lo que se llama la pornografía de la pobreza, que explota la condición del pobre para profitar de ella, haciendo del tratamiento noticioso un show voyerista y tóxico donde hay un ellos que salvar (los caídos en desgracia que no queremos ser) y un nosotros que salvamos (los que hacemos actos buenos).

 

Un tercer desafío es que, dentro de lo posible y evitando la figura de la pornografía de la pobreza, los medios tiendan puentes de comunicación y participación con sectores de población abandonados, que hoy no son apelados (salvo como sujetos de noticias delictivas) ni apelantes (pues carecen de valor comercial para auspiciadores). Quisiera graficar este punto con algo que sucedió en radio ADN. En una transmisión muy temprano por la mañana, los conductores se contactaron en vivo con una dirigenta vecinal del sector Bajos de Mena, en Santiago. A poco de avanzar la entrevista en que los periodistas le preguntaban a la vecina cómo estaban, la dirigenta les empezó a hacer preguntas a ambos conductores para genuinamente aclarar dudas respecto a las potenciales ayudas que los vecinos podían tener, dado los confusos anuncios del gobierno. La señora, estimo, entendía que los periodistas están más cercanos al poder y podían aclararles la confusión en la que estaba ella y sus vecinos, y decirles cuáles eran los beneficios a los que podían acceder, dónde hacer el trámite, etc. Desde mi perspectiva, lo que esta entrevista demostró es que hay un Estado que no tiene capacidad de vinculación con la ciudadanía, y ésta, a su vez, tiene una lejanía con el Estado y una necesidad de ayuda, mientras que los medios de comunicación tienen un desafío: trabajar en lógicas de vinculación, de promoción de voces silenciadas como sujetos de una existencia en común, para avanzar en lógicas más equitativas, dialogantes y participativas, es decir, para construir democracia.

 

 

¿Cuál es el aporte de los periodistas en estas crisis sociales?

Desde el periodismo en su tradición liberal, hacer lo que hace Alejandra Matus. Es decir, dudar de la información oficial e investigar con acuciosidad, sentido público y responsabilidad. Desde un periodismo vinculante y de escuchar, hacer lo que hacen algunas radios. Desde un periodismo que busca establecer plataformas de largo aliento con altos estándares de calidad, hacer lo que hace Ciper. Desde una mirada general, problematizar lo que se hace, pensar en otras formas y modelos de periodismo y de medios. Desde una mirada de política pública, crear un servicio de multimedios con sentido público fuerte, con presencia en todo Chile y en el extranjero, que sea una entidad autónoma, independiente, cuyo horizonte no esté determinado por el lucro, sino por el bien común. Desde la academia y la práctica, avanzar en deconstruir lo colonial y lo patriarcal del periodismo, y avanzar en lógicas decoloniales y feministas. Desde la vida cotidiana en los medios, resistir a entregarse a la explotación de la dignidad de las personas, saber decir que no. Y, finalmente, entender que la práctica periodística es siempre la de un sujeto que conoce, pero que también está en proceso de conocer.

 

 

 

25 septiembre, 2020

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