Intercambio estudiantil: “Al otro lado del Atlántico”

Paulina Reyes, estudiante de cuarto año de la carrera, nos habla de su experiencia viviendo y estudiando en otro país durante cuatro meses. Desde el choque cultural hasta viajes inolvidables es parte de lo que nos relata.

¿A qué sitio y universidad fuiste y cómo lo decidiste?

Me fui a París, Francia, a la Université Sorbonne-Nouvelle Paris. Yo siempre me había querido ir de intercambio estando en la universidad y fue el profesor Rodrigo Araya, el ex jefe de docencia, quien me convenció de poner como opción Francia. El único lugar que me interesaba era París, pero sabía que era muy caro y que en la PUCV no había muchos casos de personas que se fueran a este sitio, por lo que si iba a esta ciudad tenía que ser a una universidad que fuera de calidad para que valiera la pena. Por esta razón postulé como primera opción a La Sorbonne, debido a que es una institución buena en el área de comunicaciones y como salí de un colegio francés el idioma me ayudaba. Por las dudas puse dos opciones más en España si es que no quedaba. Al final me aceptaron en la de París.

¿Por qué te aventuraste a realizar un intercambio?

Porque siempre me interesó la cultura de otros países, la política internacional, las tradiciones y los idiomas. También, quería hacer algo diferente, ya que estando en Viña del Mar y en la universidad me sentía encerrada, porque lo único que hacía era ir a clases, no tenía tiempo de ver a mis amigas y entrenaba mucho (Paulina es seleccionada de atletismo en la PUCV). Además, conocía otros países y para mí tener una experiencia viviendo y estudiando en París valdría mucho la pena y sería muy enriquecedor, al traer todos esos aportes que muestran una realidad diferente a la nuestra y analizarla desde otra perspectiva con otras personas, sitios y todo lo que conlleva un intercambio.

En el Barrio Latino de París

¿Cómo fue la experiencia? 

Fue increíble y sin duda que hubo más momentos positivos que negativos. Rescato a la gente que conocí, ya que teníamos un grupo de 15 personas que eran todos de países diferentes como México, el Congo o Italia. Ahí me hice amigos muy cercanos con los que mantenemos el contacto y sabemos que contamos con una casa en diferentes partes del mundo.

Pienso que los franceses son personas más frías que los chilenos al momento de establecer relaciones humanas. Por ejemplo, iban a clases en la universidad e inmediatamente se dirigían a su casa. Al mismo tiempo, sabes que eres alguien más que va de intercambio, que tiene que adaptarse a una cultura donde la gente es más independiente y los jóvenes se van antes de sus casas. Al ser París una capital, todo se mueve más rápido, por lo que me costó adaptarme a la gente en la ciudad y me chocaron muchas costumbres. A pesar de todo, creo que me fui adaptando de la mejor forma y lo pasé muy bien, porque conocí muchos lugares, aprendí a viajar sola y a manejar mi dinero.

Con respecto a la integración a una nueva sociedad, es complicado, porque cuando eres estudiante de intercambio siempre te ven como una extranjera, aún cuando quieres integrarte y ser una más, dominando el francés y los códigos del país. La gente igual te trata de una manera que no puedes evitar, entonces es complicado, ya que a veces decía que era chilena y nadie sabía dónde estaba. Es difícil, porque es otro ritmo de vida que no es el de tu casa.

¿Qué logros académicos y personales sientes que te permitió desarrollar la experiencia?

En lo académico quedé muy satisfecha, porque estudiar en La Sorbonne me encantó y la universidad es muy diferente a Chile, ya que es pública y gratuita. Eso sí, siento que por lo mismo (y sin justificar que necesitemos universidades privadas) es que los jóvenes se lo toman más a la ligera que acá. A pesar de eso, las clases eran increíbles, como por ejemplo una asignatura de cine, en la que aprendíamos de lo más clásico a lo más nuevo, cómo era la producción y aspectos técnicos, sumado a que París es la cuna de esta disciplina. Además, los ejercicios eran muy entretenidos porque veíamos películas, algunas series y las analizábamos. Tuve otra asignatura que se relacionaba con los adolescentes y los medios de comunicación desde 1950 al 2000 y ahí estudiamos el fenómeno de Mayo del 68, las voces de los jóvenes y cómo utilizaban los medios para difundir sus ideas, entre otros temas. Todo lo anterior visto desde una perspectiva europea, lo que es muy interesante, porque tienen una historia enriquecedora para contar a los demás.

En lo personal llegué mucho más madura, porque aprendí bastante sobre la vida allá y ahora puedo traerlo a Chile. En ese sentido, estoy comparando siempre y mi sentido crítico aumentó. Ahora analizo los temas desde diferentes perspectivas, porque la realidad en Francia es muy diferente a la de acá. Agradecí poder comparar los contrastes entre la vida familiar de Chile y la vida adulta en Francia, porque cuando los jóvenes terminan el colegio inmediatamente se van a trabajar, lo que muestra los ritmos de vida diferentes y cómo esto entrega un aporte al crecimiento personal. A su vez, te enseña a ser más agradecido de lo que tienes.

¿Qué es lo que más te gustó del lugar al que fuiste?

Me gustó que hubiera mucha cultura, teatro y cines. También, salir a comer con mis amigos y como hay mezcla de culturas existe gran variedad de restaurantes. Los barrios (que eran muy interesantes y caminables), muchas actividades para hacer, parques para leer, cafés por todos lados. Es una ciudad atractiva para vivir, pero también muy cara.

Otros aspectos que me encantaron fueron los monumentos, la vida turística, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, los Jardines de Luxemburgo, el Museo del Louvre (al que puedes entrar gratis con tu pase de estudiante). Hay muchos museos que te ofrecen arte, hay músicos en las calles, entonces todo lo que viene a ser la cultura cotidiana es muy interesante. La gente igual era muy respetuosa, nadie gritaba y eso es muy diferente a lo que vivimos acá, por eso creo que me gustó tanto.

¿Alguna experiencia que no te agradara del intercambio o del sitio a donde fuiste?

Siento que conocer París como turista no es lo mismo que vivir en ella y es muy diferente, porque idealizamos mucho la ciudad. Yo viví cosas negativas, como por ejemplo el acoso callejero o vagabundos que te dicen insultos en la calle y tú no tienes a quién pedirle ayuda, entonces eso igual te da rabia e impotencia, lo que también me hizo ponerme un poco más fría.

Lo otro que no me gustó fue que la ciudad es muy cara, a pesar de que hay beneficios estudiantiles, pero solo si vives ahí, no si estás de intercambio algunos meses. Por lo mismo aprovechaba de viajar a otros sitios y comprar en lugares más baratos.

¿Algunas recomendaciones para quienes piensen postular a un intercambio?

Les recomiendo que vayan a un lugar que les interese y que tengan conocimiento previo del mismo. También, según lo que yo experimenté, es interesante que hagan el intercambio solos, porque aprenden a vivir de otra manera, ya que si te vas con amigas sabes que tienes un apoyo al lado y no estás obligada a socializar. En cambio cuando estás sola tienes que conocer gente, hablar con nuevas personas, lo que es duro al principio, pero al final ayuda al aprendizaje, para crecer en todo ámbito e independizarte. Saber viajar sola también es muy importante, porque te sirve para encontrarte a ti misma.

¿Recomiendas esta experiencia? ¿Por qué?

Obviamente sí, porque uno llega con más ganas de conocer sitios, culturas, lugares y seguir viajando. Eso siempre es bueno, porque sales de tu zona de confort, lo que es necesario, debido a que hay mucho por ver afuera y esto te enriquece en todo sentido. Al mismo tiempo, aprender a vivir solo, controlar el dinero, controlar tus prejuicios. Por último, traer conocimientos desde otro país a Chile.

 

Por Alger Montenegro

Vinculación con el medio – Periodismo PUCV

11 septiembre, 2020

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